Su incursión en el campo de la pintura es relativamente nueva y es considerada, por Mariela, como "una historia muy íntima".
Todo empezó hace 5 años cuando Mariela Mirones perdió su esposo, Armando Acosta Filós, con el cual estuvo casada por 32 años y tuvo 2 hijos: Mariela Del Carmen y Armando.
Confiesa que fue una relación muy feliz y satisfactoria, que le dejó con un dolor muy grande, por su pérdida.
Eso no fue todo. Diez meses después de haber perdido al compañero de toda su vida, a Mariela le descubren un cáncer en el seno.
Afortunadamente, su fortaleza en Dios, a través de la oración y la unión de su familia, principalmente con sus hijos, la ayudaron a superar esta enfermedad.
Como toda la vida ha escrito poesías, en medio de su pesar se dijo: "Bueno, por qué no hago mi poesía en la pintura "y como tengo una hermana que es pintora, Doris Dalila Mirones, empecé a tirar mis primeros pininos". Pero decide ser autodidacta, dejando salir de sí todo sentimiento, con fluidez y sin presiones técnicas".
Comenzó usando la técnica de pintura en papel con pastel de óleo, evolucionando poco a poco en el uso del acrílico, y luego empezó a mezclar acrílico con pastel de óleo hasta llegar al pastel de óleo sobre tela que está pintando ahora.
En sus primeros cuadros, siempre hubo la figura de una mujer con alguien que la tocaba. "Tal vez una añoranza a la presencia de mi esposo que me hacía tanta falta, pero me ayudó muchísimo a sacar ese dolor que tenía por dentro", señaló.
Han pasado 5 años de aquel triste momento que marcó para siempre su vida, pero aún persisten en sus cuadros huellas de ese sentimiento nostálgico que refleja "en que siempre hay figuras humanas con animales".
Aunque considera que tal vez sus pinturas técnicamente no sean grandes obras, sino meros garabatos, le han servido muchísimo para seguir adelante.
"Aparece una mujer con un solo seno, con la mano detrás de la nuca y en el hombro, donde le fue realizada la mastectomía, tiene un gato, por ser un animal muy sagaz.
Uno tiene que ser así frente a esta enfermedad. Quizás eso fue lo que me inspiró", comentó.
Al opinar sobre sus cuadros, es radical en señalar: "Uno no pinta para que le guste a nadie. Por lo menos en mi caso, yo pinto para que me guste a mí, si le gusta a alguien después, bueno, eso es una suerte".
No acostumbra a vender sus cuadros, porque siempre se los dedica a familiares y amigos muy íntimos, "aunque quizás algún día pueda empezar a vender".
No ha pensado por el momento dedicarse a la pintura, ya que goza haciendo "sus garabatos", para distraerse y disfrutar sacando esos sentimientos que uno tiene adentro.
Siente una satisfacción muy grande cada vez que termina un cuadro. "Lo pongo a distancia y lo miro desde lejos y digo: Ay qué lindo, aunque otras veces pienso que algo le faltó, pero lo dejo así".
Por la experiencia vivida, Mariela aconseja que uno no debe entregarse al dolor, "porque cuando uno ama de verdad, uno entregó todo lo que tenía a esa persona, como en el caso de mi esposo".
"Yo le decía a mis hijos, si yo lloro y me pongo triste, reviviría a su papá, yo seguiría llorando y poniéndome triste, pero donde él está quiere que ustedes y yo estemos contentos, por lo que hay que buscar los mecanismos para lograrlo".
Disfrutar la pintura, salir a entretenerse o buscar una forma de expresar esos sentimientos para que no hagan daño, es lo que recomienda Mariela Mirones.
Posee una maestría en Desarrollo de Sistemas Educativos con especialización en Supervisión y Currículum y estudios de Doctorado en Educación. Se jubiló como directora Nacional de Educación Media Profesional y Técnica, pero una de las cosas que más le llenan su vida es la pintura y la poesía, que realiza a partir de una raya que traza en un espacio para ver qué produce y combinar mezclas.