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El inédito fallo de un tribunal contra tres militares y un sacerdote, condenados a 30 años de prisión por el crimen del obispo Juan Gerardi, cometido hace tres años, erosionó estructuras históricamente intocables en Guatemala y fortalecidas por las Fuerza Armadas durante la guerra interna (1960-1996), señalaron ayer diversas fuentes.
Las agrupaciones humanitarias coincidieron en que el fallo marca el punto de partida para terminar con la impunidad que ha prevalecido durante décadas en el país, fortalece la incipiente democracia, devuelve la confianza en la justicia, siendo además, la primera vez que se condena un crimen de carácter político.
La bandera para terminar con la impunidad, especialmente por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la guerra interna en este país, es enarbolada por la Premio Nobel de la Paz 1992, la indígena guatemalteca Rigoberta Menchú, quien hizo un llamado para reforzar la lucha contra los violadores de derechos humanos. |