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  OPINIÓN


Salve su matrimonio

Romulo Emiliani | Monseñor

Hoy queremos decirles: ¡Salve su matrimonio! Vale la pena, está bajo la bendición de Dios y, probablemente, hay hijos de por medio. Si es posible. Para Dios no hay imposibles. La vida no es fácil, en la vida hay muchos obstáculos. Ustedes saben que todo lo bueno cuesta conseguirlo y que en el caso del matrimonio, el complementarse, el llegar a ser una sola carne, amar a pesar de todo, comprender, perdonar, tratar de ser paciente ante los defectos del otro, toma tiempo. Hermano, hermana, recuerde que su cónyuge es un ser imperfecto. Para salvar su matrimonio hay que aprender a amarse nuevamente. ¿Cómo se puede hacer esto? Usted no puede producir sentimientos, sacarlos del aire, pues no me refiero a sentimientos, sino al amor y no es lo mismo. El amor no es puramente sentimientos. El amor es la determinación, el deseo y la acción de hacerle el bien al otro. De esta manera nace el sentimiento.

En muchas partes de la Biblia, en el Antiguo y sobre todo en el Nuevo Testamento, Dios nos manda a amar: "Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda tu mente, con todas tus fuerzas y amarás al prójimo como a ti mismo". Dios nos ordena amar. Si el amor fuera exclusivamente un sentimiento, Dios no podría dar un mandamiento así. El amor está por encima del sentimiento.

Muchos matrimonios fracasan, porque se casan simplemente por una atracción carnal, por una pasión momentánea y no por un amor profundo. Por eso hay que insistir mucho más en la importancia del noviazgo. El noviazgo es algo muy serio e importante. En el noviazgo tiene que existir amor en el sentido bíblico: presencia de Dios.

Hay muchos casos de matrimonios que se hubieran salvado con una buena orientación espiritual y psicológica, con un encuentro profundo con Dios.

Muchos matrimonios se pueden salvar, si aprenden a amarse. ¡El divorcio conlleva tantos problemas¡ Dios nos quiere dar la paz y el gozo. ¿Por qué no comienza a salvar su matrimonio? Todo es posible, baje las armas, deje de estar rivalizando con el otro, cambie de actitud, hágalo por usted, por su pareja, por sus hijos, por su futuro, por el Señor. Se puede, sí se puede, porque ¡Con Dios, en verdad, usted es invencible!



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