El frágil cuerpo de Meche estaba empapado por el torrencial aguacero cuando alcanzó el portal de su casa, la que poco después se convertiría en la sede infernal de toda su vida.
Las descargas eléctricas se abrían paso entre las gruesas gotas de agua de aquella tarde del mes de octubre. Parecían anunciar el presagio de la desgracia que se avecinaba.
Habían pasado dos horas después del almuerzo. Ella regresaba de la escuela rural del pueblito donde vivía, en el Este de la ciudad de Panamá.
La maestra les había advertido una media hora antes: "Niños, vayan derechito a sus casas porque se va a mandar un fuerte aguacero. . . ".
Las ropas pegadas a su cuerpecito dejaban ver la frágil estructura de la niña de 9 años, cuando abrió la puerta de la casa que recogió sus primeros pasos y risas.
"¿Cómo está, tío? ¿Y mi mamá?". Esas serían sus últimas palabras cargadas de inocencia.
El hombre, hermano del padre de Meche, tendría 28 años que pesaban en un cuerpo de 1. 65 metro de alto, unas 185 libras de peso que se distribuían en un rostro regordete con bigotes, una figura de hombros anchos y barriga pronunciada.
El tío Yiyo se pasó la mano por el rostro y le contestó que la mamá había salido a la ciudad a comprar unas telas y que a lo mejor el aguacero la había atrapado.
"Ven pa' que te quites esa ropa, que te vas a enferma', muchachita de Dios", dijo Yiyo.
Meche entró al recinto, titiritando de frío y empezó a quitarse el uniforme. La cortina del humilde dormitorio se levantó asomándose el rostro seguido del cuerpo de Yiyo.
"¡Jo!, pero sí que estás empapa'ita, muchacha", y empezó a restregar un trapo grande en el cuerpo de Meche, haciendo como si la secara.
Hoy, la muchacha que tiene 18 años, recuerda que fue como si sus sentidos estuvieran aturdidos, pues cuando menos lo esperaba tenía el cuerpo del hombre encima de ella que intentaba zafarse en una agonía sin precedentes.
"No te va a doler. Ven. Acércate", le decía mientras sacaba su grosero miembro viril al que sobaba con una mano mientras que con la otra la agarraba a ella acercándola a su pecho ronchoso.
Sus súplicas no fueron escuchadas. El miedo la aterró al punto que no podía huir ni articular palabra. Apretaba sus piernecitas mientras sus ojos amenazaban con salirse de sus órbitas.
Cuando Yiyo hubo saciado su hambre sexual, se levantó de encima de Meche y con el trapo con el cual supuestamente la secaba, limpió su órgano sexual.
"Ay de ti si le dices a alguien lo que pasó entre nosotros. Te juro que te mato", le advirtió mientras levantaba la mano amenazándola. "Además, si lo cuentas, no podrás salir a la calle ni regresar a la escuela, porque todos se darán cuenta que ya estás usada", se atrevió a sentenciar el violador.
"Fueron momentos horribles. Lo odié con todas mis fuerzas", revive la muchacha.
Crítica: ¿Cuánto tiempo estuvo ultrajándote?
Meche: Para mí fue una eternidad.
C: ¿Cómo te sentiste después del hecho?
M: Con mucha pena y sucia. (Su inocencia no procesaba el hecho)
C: ¿Esa fue la única vez?
M: ¡Qué va! Después de eso, él esperaba que mi mamá saliera para hacerlo. O le decía a mi mamá que yo lo acompañara a la finca que era de mi abuelo, pero era para hacerlo.
La situación se repitió por tres años y Meche escapó de su infierno uniéndose en concubinato con un muchacho del pueblo, con quien se fue a vivir a La Chorrera.
Sus ojos reflejan la tristeza de su alma marchita.
No ha sabido más de Yiyo. ¡Ni quiere saber!
"Me alegraría si se muere".
Desviaciones
En las últimas horas, el mundo ha sido conmocionado con la noticia de la red de violadores de bebés en España. Pero no hay que ir tan lejos para descubrir que las aberraciones sexuales también se registran en este territorio de 75 mil kilómetros cuadrados.
Los medios masivos nacionales se han hecho eco, en varias ocasiones, de los casos de incesto en diferentes rincones del país, así como del atentado contra la inocencia de criaturas menores de edad.
Las desviaciones tienen muchas variaciones: exhibicionismo, fetichismo, masoquismo sexual, sadismo sexual, voyeurismo, pedofilia y proxenetismo.
De acuerdo al psicólogo Abelardo Lambraño, los trastornos sexuales se dividen en dos grandes grupos: las disfunciones y desviaciones sexuales.
El primer grupo sufre trastornos cuando el deseo, la excitación y el orgasmo presenta una inhibición; y el segundo se caracteriza por una activación sexual ante situaciones que no forman parte de las pautas habituales de los demás. El individuo tiene fantasías sexuales intensas y recurrentes.
La pedofilia
Si el sujeto tiene fantasías sexuales altamente excitantes que implican la realización del acto con niños de 13 años o menos, se está ante un pedófilo.
Los pedófilos también pueden ser incestuosos, como el caso de Yiyo. Su atracción es exclusiva con niños y al mismo tiempo, desata sus bajas pasiones con un miembro de su familia.
C: ¿Es cuestión biológica?
A: Puede ser, pero en la mayoría de las veces se da por un arrastre de traumas de vejámenes sufridos en la niñez.
Personalidad
Si cerca a su casa vive un hombre mayor, maduro o bastante viejo; anda solo y no es muy sociable con otros adultos; no le conocen una relación heterosexual, ¡cuidado! Ese podría ser un pedófilo. Estos individuos por lo general tienen baja autoestima y no cuentan con recursos para enfrentar situaciones de estrés; frecuentemente abusan del alcohol u otras drogas. La única manera en la que pueden 'descargar' su agonía sexual es abusando de un niño.
El pedófilo no se acerca a los adultos, porque teme una castración. Los otros adultos, según Lambraño, representan a sus padres, hacia quienes dirigen sus impulsos incestuosos.
C: ¿Un incestuoso o un pedófilo es un enfermo mental?
A: Es un sujeto que no mide la realidad, pero no es un deficiente mental exento de responsabilidades. Tampoco es un delincuente al margen de la Ley. A veces tiene vida familiar, puede ser un buen padre, profesional ¡y hasta sacerdote!
¿Dónde están?
Puede ser cualquiera. Están en todas las clases sociales. Pero los peores son aquellos en los que el niño confía: un chofer, jardinero, amigo de la familia, sacerdote, profesor, policía. . . en fin, cualquiera.
El abuso de estos sujetos deja una huella imborrable en el alma del niño bajo la forma de culpa o angustia y, sobre todo, porque destruye el pedestal que le construyó.
¿Cómo actúan?
Tienen dos vías para conseguir niños o niñas para abusar de ellos, integrarlos a una red de prostitución infantil o para hacer pornografía pasiva o activa.
El pedófilo activo se acerca a los niños cuidadosamente para no levantar sospechas; abrazan al menor, lo "miman", los colman de atenciones y regalos para generar en ellos un sentimiento de deuda.
Proxenetismo
Es prostitución infantil realizada con fines de lucro mediante el pago de un precio, y a los que se encargan de vender los favores sexuales de los niños se les denomina proxeneta.
ESTADISTICAS TRES
En este año, la Policía Técnica Judicial ha registrado -a la fecha- tres denuncias de casos de incesto. Sin embargo, este es un tema tabú, el cual se vive tras las paredes y son pocos los que se atreven a hablar. En cuanto a pornografía con menores, hasta este mes del 2005 se han manejado 4 expedientes en la PTJ.
LEYES PERMISIVAS
El Código Penal no contempla los delitos descritos como tales, sino bajo otras figuras, según el litigante Emidio Manzané.
El Artículo 226 establece la modalidad del delito como corrupción de menores. "Aquella persona que corrompa o facilite la corrupción de menores de edad que atente contra su integridad será sancionado con 2 a 4 años de prisión".
El Artículo 227 establece que la pena será aumentado de un tercio a la mitad, cuando lo cometen los tutores, parientes cercanos del menor, o personal de confianza.
En la práctica son mucho más frecuentes esos hechos que en los tribunales, donde se manejan los casos a través de otras figuras como estupro, violaciones, actos libidinosos.
El Artículo 228 establece que cuando se da el hecho con ánimos de lucro o interés para satisfacer o facilitar la prostitución de menores de edad, la condena será de 2 a 4 años y la misma será aumentada de 3 a cinco años si la víctima no ha cumplido los 14 años.
Para Manzané, las penas no corresponden al daño físico o mental que se hace al menor. En la mayoría de los casos de esos delitos, la Ley permite que se dé medida cautelar al agresor.