Cuando en julio de 2003 los trabajadores de la Chiriqui Land Company asumieron el manejo de la antigua transnacional bananera de Puerto Armuelles, hubo un gesto de alivio entre la población, que veía que al menos se garantizaban las plazas de empleo en el golpeado distrito baruense.
Sin embargo, en los primeros meses tras esa transacción, ya la empresa transformada en cooperativa registraba un saldo en rojo en sus operaciones.
El Estado desembolsó más de 22 millones de balboas para la compra de los activos de la bananera norteamericana. El préstamo debe ser pagado en bases a las exportaciones de banano. Por cada caja se descuenta entre 20 y 25 centésimos para abonar al compromiso con dicho acreedor.
Sin embargo, las cosas no andan bien con las bananeras. La cooperativa sigue funcionando en rojo. La primera partida del Décimo Tercer Mes se pagó 21 días después de la fecha estipulada por la ley.
El sindicato convertido en cooperativa reclama el auxilio del gobierno y pide que la Chiquita Brands le devuelva dos millones de balboas, que según ellos le han cobrado en sobrecostos por la comercialización de la fruta en el mercado europeo.
Puerto Armuelles por tradición ha sido una región de obreros combativos, pero hoy los casi 3, 000 trabajadores de las bananeras apenas hacen funcionar la empresa, que antes trajo bonanza para su terruño.
Aunque duele decirlo, los sindicatos nunca han sido buenos empresarios; los experimentos hechos en tal sentido no han arrojado buenos resultados halagadores. Los ejemplos sobran: las cooperativas de transporte conformadas para la época del gobierno revolucionario y las empresas tomadas por los obreros. Todas tienen un denominador común: todas han cerrado.
Ojalá que el experimento cooperativo de Puerto Armuelles no corra la misma suerte, porque de la actividad bananera, del oro verde dependen muchas familias humildes.