Todos sabemos que los excesos son malos, pero lo cierto es que no hay nada dañino que una persona tenga su aparato para casos de emergencia personal o laboral en su bolsillo.
En muchos supermercados a los que trabajan dentro de los locales les han prohibido estar conectados a la tecnología. Panamá es el único país del mundo que da pasos hacia atrás cuando de adelantos tecnológicos se trata.
Si su empresa prohibe el uso, recomendamos el control, pero no la prohibición total porque, al final del día, el beneficiado podría ser usted y sus clientes.
Los más afectados con esta medida son mercaderistas y degustadoras, pero en ningún momento los supervisores.
Si es una regla, debe ser para todos por igual. No hay que encacillarse y renegar de los adelantos.
Si nos ponemos a analizar la aparición de este aparato, podemos darnos cuenta que ha sido de gran apoyo en la economía, sobre todo -en este caso- en la solicitud de pedidos. Esta tecnología inalámbrica también ha ayudado a salvar vidas, al igual que ha servido para anunciar retrasos en los trabajos por tranque.
Sólo en la mente de un cavernícola cabe la idea de nadar contra la corriente y no permitir que un trabajador pueda recibir sus llamadas laborales y, por qué no, de alguna urgencia familiar.
Lo ideal sería establecer una política de uso. No permitir exceso para no afectar la productividad o solo hablar muy breve.
Si a usted como supervisora su jefe le impide hablar o recibir llamadas y, supongamos, su hija pide auxilio porque se está desangrando porque alguien la cortó. ¿Cómo se sentiría saber que pudo actuar a tiempo si no le hubieran obligado a apagar su celular?
Ser flexibles no es sinónimo de ser débil. Al contrario, las personas que están bajo su mando comprenderán mejor las reglar del juego .