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Con agrado vemos la acción efectuada por la Administración del Canal de Panamá, en prohibir el paso de un barco que llevaría un reactor nuclear desmantelado en los Estados Unidos. Fue la primera vez que la autoridad canalera hace esto, sabiendo el riesgo que corre nuestra población ante el paso de navíos con materiales altamente peligrosos para la salud humana.
Por décadas, el Canal de Panamá trabajó bajo el firme propósito de favorecer los intereses de empresas estadounidenses y a la milicia de la superpotencia norteña. Es más, la vía acuática fue construida por militares norteamericanos. Sin embargo, la herencia de la presencia de Estados Unidos en el istmo fue que algunas industrias utilizan la vía acuática para acortar distancias y aprovechar la débil legislación panameña frente al tratamiento de los cargamentos de materiales peligrosos, en especial los buques con cargas nucleares, que viajan por los mares circundantes a nuestra nación.
Con gran tino, la legisladora Teresa Yániz de Arias, ha propuesto la proscripción del paso de los buques con cargamentos atómicos, incluso aquellos con meros propósitos industriales y civiles. Este proyecto de ley ha tenido mucho tiempo en discusión en el pleno del Parlamento panameño, pero debido a las maniobras políticas y la disuasión diplomática, la propuesta no ha tomado fuerza en la actualidad.
Por otro lado, hay sectores empresariales foráneos y locales que defienden la tesis de que el paso de barcos con cargamentos nucleares no es un peligro para la seguridad humana. La empresa británica BNFL, cuyo consorcio opera el traslado de cargas atómicas para uso civil desde Japón, Francia e Inglaterra, argumenta que los buques utilizados son muy seguros, e incluso los contenedores especiales soportarían altas temperaturas de incendios que pueden provocarse, evitando que se ocasione una catástrofe terrible.
Por años, hemos estado advirtiendo la amenaza tajante del paso de barcos con cargas atómicas por el Canal interoceánico, a pesar de que se nos indique que los navíos utilizados para ese propósito son muy herméticos e infalibles a los desastres industriales de tal magnitud. Algo que sí uno aprende de la vida es que nada es infalible, menos la tecnología humana actual. Se decía que los transbordadores espaciales estadounidenses eran seguros y ya dos se destruyeron durante el vuelo hacia el cosmos. Se decía que las plantas atómicas en Tree Rivers y Chernobil eran seguras, pero ahora vemos que las mismas sufrieron graves accidentes nucleares, matando a civiles inocentes. ¿Cómo no podemos dudar de la seguridad de estos navíos, sabiendo a ciencia cierta que un desperfecto de un buque especial puede causar la extinción de la vida en Panamá?
De igual manera, hacemos hincapié a los legisladores panameños en colocar en su propuesta sobre proscripción del paso de cargamentos nucleares, al cruce constante de naves de guerra con misiles portadores de bombas atómicas, los cuales pasan a diestro y siniestro por la vía acuática, sin que a ninguna persona del gobierno de turno, ni los grupos civiles les importe. Muchos submarinos y cruceros de Estados Unidos utilizan el Canal para maniobras de defensa de aquella nación, pero estos aparatos también son susceptibles a sufrir percances durante su travesía por los océanos. |