El pájaro carpintero es un prodigio en la ornitología, explota lo mejor de dos mundos: merodean en el suelo, pero moran en los árboles, donde labra su propio hogar con picos poco adaptados para perforar maderas duras; con ese mismo pico pueden atrapar hormigas (que es su principal alimento) del suelo con una precisión inaudita.
Algunas de las variedades de carpinteros escogen árboles secos para construir sus nidos y otros prefieren palmeras que tienen la corteza más fácil.
El nido del carpintero es una fortaleza contra depredadores. Cuando el macho termina su obra maestra, danza alrededor de una hembra invitándola a ser la dueña del palacete que construyó. Llegan a tener una camada de seis a siete pichones, que compiten por el acceso al hueco por donde son alimentados durante 25 días con hormigas regurgitadas. Los pichones son bien cuidados por ambos, parte de la guarda e incubación, y la mitad de la alimentación. El cuidado de la madre es mínimo y va menguando con el tiempo, incluso algunas madres dividen su tiempo entre dos nidos y dos compañeros. ¿Lo habrán aprendido de los humanos?.
Antes era común verlos y oírlos picotear árboles secos cerca de los humanos. Es un placer verlos colgar verticalmente en un madero disparando cantidades de virutas de madera a medida que su construcción avanza y esa moña de color rojo iluminada por el sol moviéndose sincronizadamente detrás del pico que penetra lento, pero seguro las interioridades del árbol seco.