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Quién diría que el béisbol y el amor son dos aspectos casi paralelos. No diría que son casi lo mismo, pero son dos actividades que han hecho feliz y triste a muchas personas. Por qué el béisbol se parece al amor... ¿?
Muchos han sido felices al final de un partido y también se han sentido triste. Lo mismo ocurre en el amor. Un final cardiaco es emocionante, lo mismo ocurre con una buena jugada. No digamos que son iguales, pero parecen estar familiarizados el uno con el otro.
VEAMOS
En que al comienzo es difícil de entenderlo, y después mucho más... En que no se sabe bien quién lo inventó... En que las predicciones no sirven para nada... no hay pronósticos que valgan... En que todo puede ocurrir mientras no se haya hecho el último out... En que es como el melón, porque después de la primera vez, todos queremos más y más... En que es una mezcla de esfuerzos, tanto mentales como físicos... En que es pasión... y vida, alma y corazón... En que la intensidad produce el éxito... En que la fidelidad al equipo de sus amores es la base del éxito... En que para ambos (béisbol y amor) somos aptos por igual: flacos que gordos, altos y chaparritos, bonitos, feos y horribles, fuertotes y delgaduchos... En que la humanidad se ha pasado mucho rato ya haciendo chistes y observaciones, tanto buenos como malos, acerca de ambos... En que no hace falta dominar el idioma del contrario para que el juego sea de lo más intenso y emocionante... En que, tanto en lo uno como en lo otro, el bateador designado es un estorbo, y una ofensa...(muy polémico este caso.... intolerable) En que en ambas actividades hay tantas malas como buenas rachas... incomprensibles algunas... En que siempre se sabe cuándo comienza, pero ¿quién sabe cuándo termina?... En que no siempre el más fuerte es en apariencia es el mejor... En que la realidad generalmente supera todas las novelas escritas acerca de lo uno y de lo otro... En que generalmente, quienes más presumen menos pueden... En que cuando suena la voz de "playball" hay que dedicarse al asunto ciento por ciento... En que cuando hay acoplamiento apropiado, el resultado siempre es excelente... En que un ratito estás a la ofensiva... y después a la defensiva... En que amarillos, negros, blancos y pelirrojos, todos tenemos que hacerlo de la misma forma (quizá con algunas pequeñas variantes por puro capricho)... En que de día y de noche, es más o menos lo mismo... En que, no importa lo bien vestido o uniformado que se acuda a la acción, al final se termina como se debe... En que cualquier descuido puede costar el juego... En que en ambos casos, es de lo más bochornoso que dejen a uno plantado en el terreno... En que uno aprende cómo es la cosa por sí mismo, pero siempre hay quien quiere enseñar... En que para ambas actividades, cuando joven uno tiene todas las energías del mundo, pero sin la experiencia necesaria. Y al final se termina con toda la experiencia del mundo, pero sin energía para nada...
Para terminar, confieso que no sé cómo puede ser feliz alguien que no juegue al béisbol ni al amor: como es lógico, no necesariamente al mismo tiempo... Y los dejo, porque tengo un jueguito por ahí... Otra frase muy buena: A veces se gana, a veces se pierde y a veces te llueve. Ambos (amor y béisbol) son algo tan bello y apasionado, pero, ¡cómo nos hacen sufrir a veces!!!
NOTA DEL EDITOR
Hoy quiero enviar un saludo especial y en primera fila a mi esposa Silys Angelinis y a mis hijas, Silys Migdalia, María Carolina y María Alejandra en el día del amor y la amistad. Gracias a ellas tengo fuerzas para seguir adelante. Las quiero... y gracias por soportar que el béisbol viva entre el amor que tenemos. |