Los familiares de Heliodoro Portugal y de otros desaparecidos y muertos durante la dictadura militar entre 1968 y 1989 llegaron hace dos días a la sede del Ministerio de Gobierno y Justicia con la esperanza de quienes sienten que han llegado al final de largo y doloroso camino hacia la justicia, aunque esta fuese solo moral y simbólica.
Realmente pensaban que estaban viendo la luz al final del túnel. Pero cuando terminó el discurso del Ministro Dilio Arcia sobre la responsabilidad que tenía el Estado panameño en resarcir moral y económicamente a los deudos de Portugal, todas esas esperanzas se hicieron trizas.
Y todo por la resistencia incomprensible del gobierno a decir "perdón", una palabra de solo seis letras.
La actual administración, en cuyo engranaje se encuentran antiguos colaboradores de la dictadura que inició con Omar Torrijos y terminó con Manuel Antonio Noriega, tiró al inodoro una excelente oportunidad de por fin pasar la página con ese grupo de personas que más sufrieron los vejámenes de los militares.
No solo es un desaire y una falta de respeto de máximas proporciones para los familiares de los desaparecidos. También es un gesto de tontería incomprensible de parte de la actual administración, que no están para andar cometiendo más errores, sobre todo porque casi todo apunta hacia una derrota electoral en mayo próximo.