domingo 8 de febrero de 2009

 

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¿Debo castigar a mi hijo?

Kenibeth Ríos P. | Viva, Crítica en Línea

Cuando se tiene un hijo, lo primero en lo que se piensa es en darle mucho afecto y en complacerlo en todo lo que quiere. Pero, qué pasa cuando el comportamiento de ese hijo no es adecuado y como padres no se sabe qué hacer. ¿Cuándo se debe proceder con un castigo tomando en cuenta que estos son actuaciones serias y formales?

Según algunos psicólogos y conocedores en temas de familia, el castigo debe ser considerado como una multa que el niño o la niña debe acatar por su desobediencia u otra conducta inadecuada.

Y es que en principio parece positivo reparar el daño hecho y esta reparación lleva un esfuerzo y un tiempo que en sí mismo constituye una sanción. Claro, éste debe emplearse si después de algunas palabras y regaños el niño no hace caso, sino que a los llamados de atención responde con burlas o sencillamente con una actitud poco importa.

Pero es conocido que para que el pequeño de la casa se porte bien, se le debe enseñar desde pequeño, pues a medida que van adquiriendo edad, prácticamente van perdiendo el respeto por sus progenitores o por las personas que lo cuidan. Estas conductas tienen repercusiones sociales o un mal ejemplo ante las demás personas. Es aquí donde se hacen necesarias las limitaciones y los privilegios de los que siempre han gozado.

Y es que no hay que olvidar que el castigo suele provocar sentimientos negativos entre el castigado y el educador o el padre, lo que pone en peligro la confianza y la buena relación.

En niños muy sensibles e inseguros ciertas formas de castigo, especialmente físico, les perjudica, pues puede crearles inseguridad afectiva y temor a la persona de quien reciben el castigo.

Ahora, ¿cómo puede resultar educativo un castigo? En primer lugar, no hay que aplicar el castigo a palo seco. El castigo es un lenguaje de los hechos, muy duro y ambiguo, que levanta reacciones negativas y se interpreta mal; y por lo mismo produce terquedad que impide cambiar los comportamientos.

El castigo no debe ser humillante. En la manera de aplicarlo, debemos salvar la autoestima personal. Recordemos el principio de elogiar en público, censurar en privado.

Tome en cuenta lo antes expuesto al momento de aplicar un castigo a sus pequeños, pues de la forma en la que lo aplique, dependerá una mejor respuesta en sus conductas.



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