Marcos, el evangelista de la libertad, permite ver en Jesús, el gran liberador, ya que Él es el Hijo de Dios, el Mesías esperado.
Tomándola de la mano la levantó, la hizo libre y se puso a servir.
Sin duda que el evangelista Marcos es un conocedor de la expectativa mesiánica en cuanto logró ver en Jesús, al Hijo de Dios, al Mesías hecho realidad en cuanto cumple en su persona el texto de Isaías leído por Él mismo: "El Espíritu del Señor está sobre mí. Él me ha ungido para llevar nuevas noticias a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos..., para poner en libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor".
Y aunque Marcos no nos narre este mismo episodio, las actitudes de Jesús y su obrar dan testimonio de ello. Es esta misma experiencia en cuanto tal la que está en la base de toda su misión y predicación. Jesús es quien toca, levanta y le devuelve la dignidad a la persona enferma, pecadora, leprosa, ciega; la hace ser capaz de incorporarse a la comunidad y a servir. Es quien, en definitiva, hace que salgan tantos "demonios" y males que hay en la persona. Es el hombre que no se queda sólo en Cafarnaúm, es el Hijo de Dios que ha venido a todos y por ese afán de hacerse todo con todos lo impulsa a salir a las aldeas y a los pueblos vecinos a predicar allí que el Reino de Dios está cerca.