El nuevo reglamento del tránsito parece no asustar a los veloces del volante. Las avenidas de la capital y el interior del país siguen siendo utilizadas para realizar regatas mortales, sin que nadie les ponga un alto a esta práctica.
Los diablos rojos son los principales competidores en esta carreras urbanas por obtener más pasajeros y más dinero, no obstante, los dueños de autos particulares también son responsables de tragedias como la ocurrida en fecha reciente, donde un trabajador perdió la vida y quedó sin piernas, todo por exceso de velocidad de un conductor.
La responsabilidad primaria debe recaer sobre los jefes de familia que asignan vehículos de alta potencia a chicos sin mayor experiencia en el manejo o que abusan de la velocidad.
El otro grado de responsabilidad le compete a los policías de tránsito que desaparecen en las noches, horas en que se producen estas tragedias.
Para nadie es un secreto que existen rutas donde se corre a toda velocidad. Una adecuada vigilancia policial, debería prevenir esas situaciones.
Aunque ya está en vigencia una legislación más severa, los conductores no aprenden. Las multas en el nuevo reglamento son muy fuertes, por lo que hay que tomar conciencia.
Ojalá el nuevo reglamento también contemple lo relativo al cambio demodificaciones que se le vienen haciendo a los autos que circulan en el país. Los vehículos son un arma en potencia y alterar las especificaciones para aumentar su velocidad, es una materia que debe ser analizada.
Ignorar el problema no es la solución. Los padres y las autoridades deben hacer los correctivos, de lo contrario vendrán más muertos y quizás mañana pueda ser un pariente tuyo.