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El pequeño Rogelio disfruta del béisbol, sólo le hace falta una manilla. Los interesados en donarla, favor escribir a jpineda@epasacom.  |
Unos botines Nike como los de Mariano Rivera, $89.95, guantines de bateo Franklin, especiales para Olmedo Sáenz: $45.00, bate de Carlos Lee Louisville Slugger: $230.00, manilla de trapo, viejita, pero amada, de Rogelio Ortega, un niño de 13 años que adora el béisbol, pero no lo puede querer... simplemente, no tiene precio.
El béisbol es el deporte de los panameños por excelencia desde los años de la Fiebre del Oro de California (1850), cuando los “gringos” que trabajaron en el ferrocarril de Panamá se tomaban un respiro a sus labores, para jugar el deporte que nos inyectaron, hasta hacernos adictos.
Rogelio ama el béisbol, pero no lo puede querer; le encanta, pero no lo disfruta; lo vive, pero no lo entiende; lo juega, pero no lo comprende.
El béisbol es un sueño para Rogelio. Hace unos días, el pequeño llegó al estadio de Aguadulce, con cuatro horas de anticipación al juego que sostendrían Chiriquí y Coclé. Junto a él una caja de “mafá” debidamente ordenados, para ser vendidos en bolsitas de 25 centavos.
Rogelio contemplaba el estadio como un monumento o una pintura valiosa. Su mente volaba y se imaginaba en el terreno, haciendo las mejores jugadas. De lo profundo de su caja de “mafás” sacó una manilla de trapo, color amarillo y en un estado de deterioro visible, maltratada por los años y la "birria" misma.
El béisbol nunca será un juego para Rogelio, aunque así lo quiera pensar. Su rol en el parque de pelota es el de vender “mafás” y ayudar a su familia. “Me gusta jugar al béisbol... me gusta más que el fútbol”, dijo Rogelio en una conversación cara a cara con Crítica. Antes del partido, Rogelio conversa con sus ídolos... los peloteros del equipo juvenil. Trepa cercas para llevar sus “mafás” y además aprovecha para sacar su “manillita” y volver a soñar que es un gran pelotero.
Rogelio es uno de los pocos coclesanos que desconoce de la trayectoria y vida de Carlos Lee, un jugador de Grandes Ligas que ha saboreado el éxito a base de su esfuerzo en el mejor béisbol del mundo.
¿Sabes quién es Carlos Lee? _ Respuesta: “No lo conozco, no se quien es”, dijo Rogelio.
El tiempo pasó. Rogelio miraba como la tarde caía, los jugadores se uniformaban y el público empezaba a llegar. El árbitro jefe sacó una pelota de su bolsa y se la dio al lanzador. El grito de “Play Ball” explotó en el estadio, el juego arrancaba, todos listos, incluyendo a Rogelio que se levantó y tomó sus bolsas de “mafá”. No había tiempo para el juego... ni siquiera, para mirarlo. El béisbol es para todos, por eso disfrútenlo al máximo, que otros no pueden. Hoy no decimos ¡Viva el béisbol!, sino con mucha fuerza gritemos: |