El paisaje era mágico. Enormes montañas con árboles y pastizales verdes, cubiertas en parte por neblina, llenaban mi alma de tranquilidad y felicidad. "Ver esto es una medicina para el alma", dije a mi pareja.
Seguí manejando con cuidado por la carretera que conduce de Volcán a Río Sereno, la primera semana del nuevo año dos mil seis.
El fresco de la mañana ayudaba a mantener la sensación de estar en otro país y no en mi Panamá, tan lleno de problemas y mezquindades.
Días antes había recorrido Cerro Punta, donde también cualquier persona se cura el pesimismo que pueda tener. Es que ver tanta gente trabajando, sembrando en cada metro libre de tierra, llena de optimismo al más negativo de los panameños.
Me han dicho que la influencia de emigrantes yugoslavos y de otras nacionalidades europeas, influyó en crear una raza especial de panameños laboriosos.
Para esa gente no hay días feriados ni de jolgorio. Hectáreas llenas de bien ordenados surcos en una tierra negra, muestran las razones de una buena cosecha de verduras, vegetales y frutas.
Pero no todo es belleza y trabajo en las tierras altas de Chiriquí.
En esas vacaciones de fin y comienzo de año pude ver a los productores y peones peleando por sus derechos.
Ellos se oponen a disposiciones del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos que perjudicarán el producto panameño.
Señalan que esas medidas harán que no sean rentables sus cosechas.
Recuerdo cuando el anterior gobierno PRD bajó impuestos a productos del agro que a veces tienen ayuda de gobiernos como el de EE.UU.
Algunos panameños preferían comprar hortalizas extranjeras.
También recordé a un mediano empresario de esa región, que en esa ocasión me mostró un grupo de más de diez indios.
Los indígenas estaban sacando "a mano pelada" las pajas. Por ese trabajo recibían varios balboas al día.
"Si yo dejo de sembrar ¿cómo vivirán esos indios?", dijo el productor con amargura.
Por eso los productores sacaron sus tractores livianos de las fincas y junto a camiones recorrieron las tierras altas, terminaron causando un descomunal tranque en David.
No entiendo cómo un gobierno va a "fregar" a productores panameños para darle plata a los extranjeros.
Para no amargarme, volví a mirar las hermosas montañas de Volcán y Cerro Punta, buscando con ansiedad mi "medicina para el alma"...