Para abrazar el año nuevo, hay que vestir las mejores galas. Tanto las que saltan a la vista como las que adornan el corazón.
Es menester, también, estar abiertos al aprendizaje, que es una constante en la vida del ser humano.
Asimismo, es de rigor aligerar el equipaje y sacar del corazón el rencor, el odio, la tristeza, la amargura, la disconformidad, el resentimiento, la cobardía, la envidia, la pereza, la maledicencia, la intolerancia, las tensiones, el desamor, los celos, la discordia, la gula, la egolatría y la indiferencia.
Sentémonos un momento al recodo del camino y reflexionemos. Sin quejas, sin intereses creados, con la mente abierta a aceptar donde erramos y dispuestos a propiciar esa metamorfosis que tanto bien nos hará a nosotros y a los demás.
Aceptemos que hay cosas importantes por las cuales apostar, como lo son la esperanza, el amor, la gratitud, la honestidad, la justicia y la solidaridad. Valores fundamentales todos que son escalones en el camino hacia la autorrealización.
Impostergable es repartir alegría y empatía a manos llenas, sin discriminaciones, sin ambages. ¿Acaso Dios se mide a la hora de ser dadivoso contigo?
De especial importancia es, además, dejar espacio para el optimismo, para mirar el lado positivo de cada vivencia, para creer más en las personas que nos rodean y comprender que, después de todo, el lobo que llevamos dentro no ha devorado a las ovejas. Que podemos ser timoneles de nuestro barco y enderezar el rumbo de nuestra vida para atracar en puerto seguro, a prueba de tempestades, de piratas y de motines.
Ten presente que el tiempo es moneda que paga bien, si lo administras sabiamente. De lo contrario, es enemigo implacable.
Hagamos que pensamientos, sentimientos y acciones tengan como combustible energía positiva, ya que esta no sufre recargos pese a la inflación y nadie puede apropiársela, porque depende es únicamente de la voluntad de alguien: tú.
Deja volar tu imaginación para que el artista y creador polifacético que está dormido en ti despierte con su mejor sonrisa y obra maestra para ayudar a cultivar frutos con sabor a gloria. Para enriquecer a los que están convidados al festín, donde el aporte de cada uno es un don que empedrará la ruta hacia el estrellato colectivo.
UNA AGENDA DE PRIORIDADES
En tu agenda cotidiana, coloca en la lista de prioridad esa conversación con Dios que te servirá para ganar la fortaleza y claridad de ideas.
Salda tu deuda con la naturaleza, el prójimo, la familia, compañeros de faena y Dios, para que 2007 no cierre con un déficit. Para que en el libro de tu vida, en los capítulos por escribir en 2008 empieces con letras de oro para redefinir mejor el mapa de tu crecimiento personal y proyección social.