Durante la campaña electoral, el candidato de la "Patria Nueva" y hoy mandatario Martín Torrijos prometió derogar las reformas fiscales introducidas por el gobierno de los arnulfistas.
A estas alturas nadie conoce el contenido de ese proyecto y sólo algunas voces de la oposición han insinuado que se trata de otra reforma saca plata.
No hay que tener una mente brillante para saber que con la estrechez económica que enfrenta el Estado, las modificaciones contempladas tendrán como propósito reducir tributos.
Es una realidad que todos los que reciben ingresos deben declarar rentas, pero lo malo es que casi siempre son los que menos reciben -o sea los asalariados- los que reportan puntualmente sus aportes al Tesoro Nacional.
Lo más adecuado sería simplificar el cobro de impuestos y evitar los trámites burocráticos que complican al contribuyente. Mientras más sencillo y automático sea el sistema, mayor recaudación habrá.
Hay que buscar fórmulas para que tan pronto alguien reciba un ingreso se pueda aplicar el descuento al fisco y evitar así el engorroso papeleo y la acumulación de comprobantes, situación que muchas veces hacen que el contribuyente no cumpla con sus obligaciones tributarias.
También se debe acabar con la pila de exoneraciones a la que tienen derecho funcionarios que perciben salarios elevados. ¿Cómo es posible que un legislador, fiscal o magistrado que tiene ingreso mensuales de casi 10 mil balboas, tenga derecho a introducir vehículos libres de impuestos?
Ese tipo de exoneraciones se entiende para organizaciones benéficas o para la actividad productiva, pero no para contribuyentes que perciben jugosos sueldos.
Frente a la inevitable reforma tributaria se impone que el gobierno divulgue de una vez por todas los aspectos de su propuesta y deje de estar jugando al escondido o de estar divulgando por cuenta gotas, las cosas que nos pueden afectar.