Imagínese que cada niño que viene al mundo sea un estorbo para sus padres. Sólo piense como una suposición que esto ocurre y que millones de niños son regalados porque papá y mamá no tienen cómo cuidarlos, ni mucho menos tienen dinero para darles de comer. ¿Esto le cabe en la cabeza? Por su puesto que no. Ahora pregúntese: ¿Por qué muchas personas tienen corazón para "tirar" a sus madres ancianas en asilos? Quizás se les olvidó que ellas les limpiaban cuando se hacían caca en los pañales o tal vez no recuerden que de su pecho provenía -por milagro de Dios- el primer alimento que probó su boca.
La situación de los ancianos abandonados está en aumento. El hombre cada día se vuelve más desgraciado. Imagínense que si no respetan a Dios, el Creador, que se espera que hagan con simples mortales como sus madres.
Si le pidiera un adjetivo para ellos o ellas, ¿cuál le pondría? Malvados, desgraciados, asesinos, inhumanos, miserables, en fin, habría mil y una forma para llamar a esta clase de gente sin corazón porque no tienen excusa alguna para hacer lo que hacen.
Tirar en un asilo, a lo que Dios quiera, a su mamá y olvidarse que ella existe no tiene nombre.
Los hijos somos lo que somos por el esfuerzo de papá y mamá. Fuimos al colegio porque ellos nos apoyaron en la medida de lo posible, por ello debemos entregar el mismo amor porque se merecen eso y más.
Si usted piensa que su vieja es un estorbo en su nueva familia, véase en el espejo porque nadie quita que sus hijos le paguen con la misma moneda y lo dejen abandonado en sus años de ancianidad lejos de las celebraciones familiares y lejos del amor de un hogar.
Mañana celebramos el Día de las Madres, una fecha muy hermosa que debe celebrarse todos los días, pero bajo el seno familiar, no en un asilo.