EDITORIAL
Panamá Cede... otra vez
El Tratado del Canal del
18 de noviembre de 1903, conocido como Hay-Bunau Varilla o "Panamá
Cede", ha pesado como lámina de aluminio sobre el pueblo panameño
que siempre exteriorizó sus aspiraciones de un convenio que satisficiera
las reivindicaciones panameñas.
Panamá tuvo que pasar por intentos reivindicativos con el Tratado
de 1926 que fue rechazado; luego con el Arias-Roosevelt que eliminó
la cláusula de intervención de los Estados Unidos; después
el Remón-Eisenhower, el fracasado 3 en uno y, finalmente, el Torrijos-Carter
que definió como "potables" el negociador Rómulo
Escobar Bethancourt a pesar de las enmiendas del senador De Concini.
Proporciones guardadas, Panamá Cede otra vez, a poco de 14 meses
para entrar al tercer milenio. Ahora ya no cede su soberanía territorial
sino a los requerimientos de las instituciones internacionales de crédito.
Con el cuento de que hay que modernizar la economía y la globalización,
se están vendiendo bienes del Estado que son rentables, sólo
porque la privatización es lo que está de moda, aunque tales
privatizaciones hayan sido un rotundo fracaso en otros países.
Durante años se esgrimió en Panamá la tesis de "que
el Estado es muy mal administrador" y eso ha servido de justificación
para que Panamá entre en el "boom" de la globalización.
Y aunque tenemos por experiencia que cada vez que se privatiza una empresa
estatal hay despidos masivos y aumentos de tarifas, el Gobierno sigue viento
en popa a despojarse de todos sus bienes que la mayoría de las veces
son rentables.
Durante la dictadura castrense la primera empresa que se privatizó
fue la del transporte colectivo y selectivo. El resultado ha sido un estrepitoso
fracaso, ya que los propietarios de buses y taxis hacen lo que les viene
en ganas con sus unidades rodantes, por lo que es una evidente pesadilla
abordar taxis y buses que, a veces, cuentan con la complicidad de las autoridades
que los dejan amontonar una gran cantidad de boletas por infracciones.
Panamá en 1903 cedió gran parte de su soberanía
a los Estados Unidos. Ahora es a las IFIS. Y resulta paradójico que
cuando debiéramos liberarnos totalmente del tutelaje foráneo
y las estacas del colonialismo, quedemos atrapados en el torbellino de la
política gubernamental neoliberal, porque hasta el momento, ningún
político ha puesto de manifiesto su interés de frenar el despojo
de bienes estatales cuyo producto no se sabe con certeza a dónde
ha ido a parar o qué uso se le está dando cuando hay un deterioro
en el campo de la salud y la educación. Ayer privatizaron otros servicios
del IRHE. En turno está el IDAAN.
¿Qué le va a quedar al Estado el próximo milenio?
¿Se habrá puesto el pueblo a analizar seriamente quiénes
son los que se benefician realmente de todas estas privatizaciones? La situación
no es para tomarla a la ligera. Créanlo.


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