La liturgia de la Palabra nos invita a reconocer el encuentro; un encuentro personal con Dios y con el otro, con la comunidad.
Servir es la forma de aceptar que Cristo vive con nosotros, guÃa nuestro caminar y nos acompaña en nuestras luchas.
No debemos esperar a que los demás hagan por nosotros, debemos siempre tomar la iniciativa, para ser auténticos servidores por el Reino.
Un encuentro donde se descubre lo humano
El evangelio de hoy nos presenta a Jesús en camino, sin descuidar que la intención del evangelista Marcos es mostrar que Jesús es el Hijo de Dios, el MesÃas, el Salvador, y esto sólo lo logra descubrir aquel que se encuentra en camino. Un camino que hoy encontramos en el relato del ciego de Jericó sentado en el camino. El hijo de Timeo, que grita desesperado, cuando Jesús pasa por allÃ, que se apiade de él. Es un gritó que no es ignorado, sino escuchado. Jesús acoge la súplica de este ciego, se le acerca y le dice: "¿Qué quieres que haga por ti?" y el ciego le responde: "que vea". Esta respuesta del ciego de Jericó no va sola; va acompañada de la fe: poder creer en Jesús, el MesÃas, el Salvador que va a ser sanado de esa ceguera que no lo deja avanzar.
Hoy para nosotros se hace importante preguntarnos, ¿qué tipo de ceguera es la que no nos deja caminar por donde va Jesús?
Partir de una experiencia de ceguera es ser capaces de descubrir a Jesús desde nuestra indigencia espiritual. Por esto, no solo basta clamar para que podamos ver, necesitamos hacer, necesitamos levantarnos de donde estamos sentados y ayudar a levantar a los demás.
Tomado de la Revista Vida Pastoral de la Sociedad de San Pablo Año 37 – No 136.