Isis Ivaldi, mejor conocida como "La Chola Mimichona", ha encontrado en el humor una forma de ganarse la vida en este difícil y cada vez más competitivo quehacer, en el que logró sin pensarlo coronarse como "La Reina del Humor".
Parece que el buen sentido del humor lo trae en la sangre porque desde muy pequeña se caracterizaba por echarle chistes a la gente, cuyo significado ella ni siquiera entendía, pero si quienes la escuchaban, a los cuales les causaba mucha gracia.
"Era algo innato, yo escuchaba un chiste y enseguida creaba la escena y cuando lo iba a decir imitaba los personajes, pero le ponía mi picardía y así me fui hasta que ya adulta empecé a cultivar los personajes de colombianas, brasileñas, La Chola y de todo", comentó Isis Ivaldi.
Con tan solo 19 años se atrevió a participar en el Concurso de Andrés Poveda, en donde fue confiada en que ganaría, pero resultó empate con los monagrilleros "y cuando vamos a desempatar me gana por un punto y no me quedó otra que pedirle a Poveda 5 dólares para devolverme a casa".
Sin embargo, Isis no se dio por vencida y este año y aunque al principio le pareció complicado porque el fuerte de los hombres humoristas es ser "gay", pensó que interpretar "La Chola", le podría gustar al público, logrando ganar entre seis concursantes varones.
Curiosamente, lo que muchos ni siquiera se imaginarían es que detrás de "La Chola Mimichona" hay una mujer con muchos problemas que muchas veces llora al verse sola con la responsabilidad que conlleva criar a 4 hijos de 12, 9, 5 y una bebida de 2 años.
"No es fácil no tener un trabajo estable, porque aunque los contratitos que me salen para decir chistes no son nada malos, no son tan seguidos y para quien le toca mantener un hogar sola es difícil y llorar al levantarse y pensar que le pongo a los niños en la mesa", dijo Isis.
Actualmente, "La Chola Mimichona" vive en una casa que no es de ella sino del papá de la niña más pequeña, con quien está separada y está en pleitos en estos momentos, por lo que compré un terrenito, pero me falta levantar mi casa con mis propios esfuerzos.