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MENSAJE
Usted
nació para ser auténtico

Mons.
Rómulo Emiliani
¿Usted
sabe cuál es uno de sus problemas? Uno de sus problemas
serios consiste en que usted no es auténtico. No ser auténtico
significa no ser uno mismo, estar dependiendo del pensamiento
y del deseo de los demás y actuar de acuerdo con lo que
los otros quieren que usted sea. No ser auténtico produce
graves problemas emocionales y, sobre todo, una tremenda frustración.
Usted nació para ser usted mismo. Por eso Dios le dio
la vida. Por eso usted está hecho a imagen y semejanza
de Dios. El lo hizo único e irrepetible, para ser usted
mismo. ¡Usted nació para ser usted mismo !
Ser uno mismo... ¡he aquí una de las metas de
su vida! Un hombrecillo sencillo de Atenas hace más de
2000 años luchó por ser auténtico. Fue fiel
a sus pensamientos, fiel a su filosofía; luchó,
sufrió, murió. ¿Quién no conoce actualmente
a Sócrates, aquel famoso hombre que planteó preguntas
tan curiosas, que rompía los cimientos que se habían
elaborado a nivel mental? ¿Quién no conoce a un
hombre que es auténtico como éste?
¿Conoce usted a San Francisco de Asís? El renunció
a una existencia llena de comodidades para vivir en la pobreza
y dedicarse a confortar a los pobres y a los enfermos. ¿No
conoce usted a Ghandi, aquel hombre que liberó a su pueblo
del más poderoso imperio de su tiempo, sin más
fuerza de la que él llamaba resistencia pacífica?
¿No conoce usted acaso a Jesucristo, el Hijo de Dios,
quien fue auténtico, fiel a sus principios, fiel a su
verdad? Pues el común denominador de estos personajes
es que hablaban y actuaban con autenticidad, defendiendo denodadamente
aquello en lo que creían. ¡Eran auténticos,
fieles a sus pensamientos, fieles a sus ideales y a sí
mismos! No imitaban a nadie, eran consecuentes con sus propias
ideas, valoraban muchísimo su propio ser, se manifestaban
siempre con solidez. La autenticidad no significa egocentrismo.
Aunque la autenticidad procede del centro de la vida de la persona,
no se centra en la persona. La autenticidad implica ser uno mismo,
promueve una fuerza interior tan maravillosa que contagia a otros,
que toma contacto con otras personas y da a las otras personas
lo mejor de uno mismo. Esto mueve a la acción a otra gente
y esto ayuda a que otros también sean ellos mismos. Es
un poder. La persona auténtica tiene un poder interior.
Como se centró en sí misma en un aspecto positivo,
puede dar más de sí misma. Para poder ser auténtico
hay que preguntarse, "¿quién soy yo, cómo
soy yo y para qué estoy aquí? Una misión
grande el Señor me ha encomendado. Sócrates enseñó
que la máxima "conócete a ti mismo" es
la base de todo conocimento. Shakespeare escribió, "a
ti mismo sé fiel, así con nadie podrás ser
falso". Debe, entonces, conocerse más a sí
mismo, ver sus cualidades, ver los grandes carismas que Dios
le ha dado, saber por qué viene a la tierra, cuál
es la misión que el Señor le ha encomendado.
El ser auténtico restaura el poder interior que usted
tiene. La autenticidad posibilita que la vida de cada persona
cuente. Ser uno mismo constituye una fuerza natural, humana y
universal, dispensadora de una fuente abundante de bendiciones.
Cuando uno se dice, "aquí estoy yo, yo sé
que yo valgo, yo me conozco y sé que puedo aportar algo
en beneficio de los demás", ciertamente ayuda a que
la persona cuente con la existencia como alguien que aporta algo.
Cuando uno es auténtico, cuando uno se conoce, se valora,
se quiere, puede entonces aportar mucho en el lugar donde está,
en relación con la causa que persigue. Siendo auténtico
y con la ayuda de Dios usted podrá hacer su gran aporte
al mundo porque... ¡CON DIOS USTED ES INVENCIBLE !
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