|
SERVIRLE AL NECESITADO El sueño de un adolescente

Antonio Pérez M.
Crítica en Línea
Normalmente los sueños de un joven de 17 años son: lograr culminar sus estudios secundarios, ir a la universidad, comprarse un auto de último modelo y conquistar a la muchacha más hermosa del vecindario. Eso pasó por mi mente cuando escuché que aquí en Panamá, vive un joven de 17 años que atiende a pacientes de SIDA en su fase terminal. "Eso hay que verlo", fue la expresión de un joven al fondo de un autobús, cuando integrantes de Remar daban a conocer la sorprendente labor. Y esto fue los que conocimos. Al llegar el fin de semana todos los integrantes de Remar que van recorriendo la ciudad entera en los autobuses vendiendo calcomanías y banderines para recolectar dinero a favor de la obra, tienen que servir de voluntarios en los campamentos donde se atienden a personas con adicción a las drogas. Cuando se dice quien quiere ser voluntario en el campamento 2, no hay un solo brazo arriba, y es que aquí hay drama, trabajo incansables, sacrificio y riesgos. En ese campamento a parte de haber adictos a las drogas, hay enfermos de SIDA y de otros males contagiosos como la tuberculosis. Arturo Escobar es el encargado de ese campamento, el joven de 17 años del que hablaron los muchachos de Remar en el autobús. El no es voluntario por un fin de semana, ha estado todos los días en ese campamento durante 15 meses. Otros de sus sacrificios es que es salvadoreño, y lleva ese mismo tiempo fuera de su país, y lejos de sus padres y hermanos. Su día empieza a las cinco de la mañana, y termina a las nueve de la noche. A veces no duerme porque a cualquier hora de la noche y la madrugada hay que correr al médico cuando uno ellos entran en crisis. La casa es pequeña y con poca ventilación, y a pesar que duerme en un cuarto aparte en ocasiones debe compartirlos con pacientes de SIDA que están en mejor condición por la llegada de nuevos enfermos. "Nos acostamos a las nueve de la noche, pero a veces cuando uno de los enfermos esta mal con convulsiones o se ha hecho necesidades, hay atenderlo, así sea a las doce de la noche", expresó Arturo. Son 15 pacientes que están en este campamento, seis de ellos no pueden valerse por si solos, Arturo tiene que bañarlos, vestirlos y asearlos cuando se hacen sus necesidades vitales. La mayoría de los pacientes que están bajo la atención de Arturo son hombres de entre 40 a 20 años, desechados por sus familiares, y en los hospitales públicos, al ser declarados desahuciados por los médicos. En el campamento 2 de Remar han encontrado una esperanza de vida y en Arturo una mano de alivio para mitigar los dolores provocados por esta cruda enfermedad como el SIDA. Uno de ellos es un hombre de 47 años, llamado Isaac, tiene SIDA en su fase terminal, desde hace un año fue desahuciado por los médicos, y a pesar de su deplorable condición física Arturo le ha dado la fortaleza para seguir viviendo. Médicos especialistas, dicen que no hay explicación científica para que este hombre haya vivido tanto cuando ya no hay medicamento que pueda contrarrestar el severo deterioro de su sistema inmunológico. Los propios médicos confiesan que Isaac se mantiene vivo gracias a la atención que recibe de parte de Arturo en el campamento de REMAR. Arturo considera que en el campamento de Remar está la mano de Dios y allí se han dado actos milagrosos "Aquí hay quienes se han sanado de SIDA y para mí ha sido una de mis mayores satisfacciones", agregó. Pero ha tenido sin sabores, "tribulaciones", como él mismo lo señala, que lo han hecho arrodillarse ante Dios para pedirle fuerzas y seguir adelante. En los brazos de Arturo han muerto muchos de estos enfermos, y al sufrir frustraciones que lo hacen recordar el dolor de estar lejos de su hogar y de sus seres queridos. Arturo es un joven proveniente de un hogar de clase media alta, tiene un año de no ver a sus familiares y muchas veces cuando llega la noche siente nostalgia por no estar con ellos. Es el segundo de seis hermanos, el único varón, "mi madre y mi padre no son creyentes de la religión evangélica y no están de acuerdo que esté aquí, y me han dicho que no descansarán para sacarme de esta obra". Arturo estudió hasta los 14 años, era un niño rebelde, que contantemente se fugaba de su casa los fines de semana para llamar la atención de sus padres. "Me sentía inducido por mis compañeros y al fugarme me sentía que hacía lo que me daba la gana sin la presión de mis padres", dijo Arturo. Arturo Escobar cuando cumplió 15 años se fugó definitivamente de su casa, comía de la basura, un tiempo vivió en el patio trasero de una residencia donde muchas veces se alimentaba de las sobras que dejaban los habitantes de esa casa. Un buen día se vio envuelto en una riña tumultuaria, entre un grupo de niños callejeros y fue llevado a la policía de menores, y por los severos grados de desnutrición que presentaba, lo enviaron a un centro llamado Remar en El Salvador, que atiende a niños con problemas. Los padres de Arturo no sabían donde estaba, hasta que por medio de una denuncia que pusieron ante la policía de menores, se enteraron que se había recuperado, pero que estaba recluido en el Centro. Cuando trataron de convencerlo que regresara con ellos, los líderes de Remar en El Salvador le pusieron como reto, que eligiera. Servir de misionero en otro país, para ayudar a personas con problemas o regresar con sus familiares, quienes tenían programado llevárselo a los Estados Unidos. "Yo recibí de gratis de parte de Dios, haberme sacado de la desnutrición, de la calle y hacerme una persona nueva, por eso me dio una visión de agradecimiento que me decía que tenía que aceptar la misión", exclamó Arturo. Se le dijo que iba para un ministerio en Panamá también llamado Remar, y en ese momento expresó "cualquiera que sea lo afrontare con gallardía", sin saber que iba a ser el encargado del centro más sacrificado donde estaban los enfermos de SIDA. Arturo Escobar tiene 15 meses en este campamento, cada noche pide a Dios fortaleza para seguir adelante con la obra que lo hace convertirse en un verdadero siervo de Dios y del evangelio que Jesucristo pidió que fuera practicado por sus seguidores en la tierra.
|