La guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC) le ha arrebatado la vida a un niña panameña. Casi un año después de ser secuestrada y exigir un rescate que osciló entre 700 mil dólares y dos millones de dólares, la menor apareció asesinada.
El hecho ha sido condenado por diversos sectores. Es un crimen injustificable. Una familia colombo-panameña vivió una pesadilla y hoy está sumida en el desconsuelo.
¿Qué objetivo militar puede representar una niña para ser blanco de secuestro y luego asesinarla?. Los grupos guerrilleros se han quedados mudos, porque no tienen explicaciones.
Fue loable la labor que desarrolló la Defensoría del Pueblo antes de conocerse el fatal desenlace, para tratar de lograr la liberación de la niña Daniela Vanegas. Al mismo tiempo es cuestionable, que no exista un pronunciamiento oficial del gobierno panameño censurando tan cruel hecho.
Por su cercanía fronteriza, Panamá siempre ha sido utilizada por columnas de las FARC para descansar y sanar a sus heridos, cuando la guerrilla desarrolla cruentos les combates con el ejército colombiano.
Por siempre, la dirigencia de las FARC han reclamado que Panamá se mantenga ajena al conflicto colombiano, pero el asesinato de una niña panameña nos involucra y nuestros gobernantes no deben ser tolerantes con este tipo de insurgentes que no respetan ni la vida de una menor.
Un movimiento que no secuestra a un ser inocente y luego la mata a puñaladas no merece ningún tipo de contemplación.
A los padres y la familia de la niña Daniela les extendemos el abrazo solidario en estos momentos de dolor que los embarga.