La sociedad está repleta de males, pero hay uno en particular que está matando los buenos principios en todos los niveles. El soborno está destruyendo instituciones, personas y países. Lo más lamentable de todo es que carcome para siempre la dignidad del ser humano.
Recientemente los panameños fueron testigos una vez más de la cruda realidad de un hecho de esta clase. Dos antisociales -a cambio de cierta suma de dinero- pidieron a policías que lo dejaran en libertad y lo lograron así de fácil. La acción fue confesada al poco tiempo y no queda la menor duda del gran daño que se le hizo a una institución que debe llevar el estandarte de honestidad y disciplina.
¿Por qué los uniformados se dejan sobornar? ¿Qué ocurre en nuestra sociedad? Las preguntas desafortunadamente no encontrarán respuestas tan fáciles, pero lo cierto es que el cáncer está allí y hay que erradicarlo.
Los hechos dan a entender que el lenguaje del dinero se impone ante la necesidad de pocos seres humanos que se venden por unas monedas. Esta acción es tan vieja que hasta en la Biblia se menciona el caso de Judas, quien vendió al Hijo del Hombre.
La corrupción es muy vieja, pero ojalá no sea tan añeja la mala práctica de liberar a delincuentes como ocurrió. De ser así, Dios tenga misericordia de todos los panameños que recibimos seguridad de una institución con serios problemas de proyección.
La sociedad en su conjunto exige revisar los procesos. Hay que ser transparentes. Esto no es cuestión de decirlo, sino practicarlo todos los días con nuestras acciones no importa lo mínima que éstas sean.
Al inicio de esta administración se habló hasta la saciedad de combatir la corrupción, pero no se ha visto realmente una guerra frontal que deje claro que la lucha se está dando, lo que ha dado lugar a serios cuestionamientos entre los tres poderes del Estado que administran una nación con sed de justicia, paz y una verdadera democracia participativa.
El tiempo de actuar es hoy. No hay que esperar que el mal nos venza y se diagnostique una enfermedad incurable al sistema porque no habría otra salida que reclamar por cambios radicales en todos los niveles.