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En sus aspectos morfológicos los tallos son semejantes a los de las demás gramíneas, aunque la capacidad de ahijamiento del arroz resulta, en general mayor.  |
El arroz es una gramínea anual de gran importancia en la dieta humana como fuente de carbohidratos. Constituye el principal alimento en muchos países asiáticos y en algunos de Sudamérica. Es la especie más cultivada en el mundo, después del trigo.
DESCRIPCIÓN BOTÁNICA: SISTEMA RADICULAR
Como en las otras gramíneas, el sistema radicular del arroz es del tipo cabellera, con formación de raíces secundarias o adventicias que profundizan hasta aproximadamente 10 cm en condiciones de inundación. Las raíces primarias tienen una vida efímera y son sustituidas enseguida por las secundarias; pero, alcontrario de lo que ocurre con las demás gramíneas, cuando se siembra el arroz en terrenos inundados, el primer síntoma de brotación de la semilla es la aparición del coleóptilo (funda del tallo inicial), en lugar de la raíz primaria o coleorriza. El desarrollo radicular se mantiene hasta la época de la floración, momento en que las raíces alcanzan su máxima extensión. El ritmo de su crecimiento depende, entre otros factores, del tipo de siembra, de la disponibilidad de nutrientes y de la altura de la lámina de agua.
HOJAS
El número de hojas de una planta de arroz está directamente relacionado con la duración del ciclo del cultivar. Así, un cultivar de ciclo largo tendrá un número de hojas más elevado que otro de ciclo corto. Su disposición en la planta, en especial la de las seis superiores, afecta mucho al rendimiento final: cuanto mayor sea la cantidad de radiación luminosa interceptada, mayor será la actividad fotosintética. Por ello es posible conseguir producciones más elevadas utilizando cultivares que tengan la hoja bandera erecta.
Para comparar unos cultivares con otros se utiliza el concepto de "índice del área foliar" (IAF), que expresa la relación entre la superficie de las hojas y la del suelo que éstas cubren. De un cultivo en una parcela determinada indica el grado de recubrimiento del suelo y da una idea de la capacidad de las hojas para ocupar el espacio disponible. Un valor de IAF alto (de 6 a 10) permite esperar una producción crecida, pues por lo general está relacionado con un potencial del ahijamiento más elevado, lo que a su vez, implica mayor número de tallos por planta.
Otra característica notable de la especie es la capacidad que tienen las hojas de aportar el oxígeno necesario para los procesos respiratorios de la planta. A diferencia de los otros cereales, las hojas del arroz son capaces de transportar el aire desde las estomas hasta los nudos de la base del tallo y las raíces. De esa forma la planta consigue sobrevivir en condiciones de inundación sin sufrir daños.
TALLOS
En sus aspectos morfológicos los tallos son semejantes a los de las demás gramíneas, aunque la capacidad de ahijamiento del arroz resulta, en general mayor. Esta características le permite adaptarse a una amplia gama de densidades de siembra sin que se produzcan alteraciones en el rendimiento.
La forma en que se realice la siembra y la altura de la capa de agua son factores que influyen en el número de espigas por planta. Con respecto a la capa de agua, cuanto mayor sea la profundidad de inundación, menor será el número de tallos por planta. Esto obliga a aumentar las dosis de siembra para conseguir la cantidad deseada de panículas por hectárea.
INFLORESCENCIA
La inflorescencia del arroz es una panícula constituida por un eje central o raquis de donde salen las espiguillas. Cada espiguilla produce una única flor que, al ser fecundada, origina un grano llamado cariópside.
El arroz es una planta autógama, es decir, la fecundación se produce en el interior de la flor y, por lo tanto, con el polen de la propia planta.
PRÁCTICAS CULTURALES: SUELOS Y FERTILIZACIÓN
El arroz está adaptado al cultivo en terrenos muy diferentes. No necesita suelos profundos, debido a su sistema radicular superficial. Las zonas típicas arroceras se sitúan por lo general a baja altitud y son llanas.
Un problema importante en los sistemas de cultivo tradicionales es la compactación del suelo que se produce transcurridos entre tres y cinco años de cultivo intensivo, debido al gran número de operaciones que se suelen llevar a cabo. Para evitarla, es necesario alternar períodos de cultivo con otros de descanso o con pasturas.
En las áreas inundadas donde se cultiva el arroz, la flora bacteriana del suelo se ve sometida a grandes cambios. Los primeros días existen bacterias que necesitan oxígeno para vivir (aerobias). Al comenzar los riesgos, estas bacterias son sustituidas por las aerobias facultativas (bacterias que pueden vivir tanto con oxígeno como sin él) que, a su vez, son desplazadas por las anaerobias, que crecen en ambientes desprovistos de oxígeno. Estos cambios producen una serie de alteraciones en los procesos de oxidación y reducción, solubilización, mineralización e inmovilización de los elementos nutritivos del suelo. Por otra parte, la inundación suele provocar el aumento del pH de los suelos ácidos, lo que resulta beneficioso para la planta en zonas con problemas de toxicidad por aluminio y manganeso.
El arroz consume, como media, aproximadamente 20 kg de N, 10 kg de P205 y 20 kg de K20 por tonelada métrica de grano. Los mayores incrementos de rendimiento se consiguen aplicando nitrógeno. Por lo común, se suministra a la planta en forma de urea. La cantidad de este abono que se aplica en sementera debe ser la estrictamente necesaria para asegurar el correcto desarrollo de las plantas durante los primeros días. El resto del abono se aplicará cuando el cultivo esté crecido, con el terreno ya inundado. Las mayores necesidades de nitrógeno se producen desde el ahijamiento hasta la floración, y la dosis a aplicar varía principalmente en función de la morfología de la planta. El Fósforo y el Potasio se aplican durante la siembra, ya que estos elementos son menos móviles en el suelo que el nitrógeno. |