El jovencito estaba serio. Se notaba que comprendía su gran responsabilidad. Miraba a ratos al director del equipo, quien inclinó la cabeza. Entonces el jovencito zurró la cuerda del "palito" que tenía en la mano sobre el violín. Unos bellos sonidos salieron del instrumento, llenando de hermosa melodía el salón.
De inmediato siete jóvenes, en su mayoría muchachas, tocaron sus violines para completar la danza de sonidos armoniosos.
Varios de los presentes medio que cerramos los ojos. Nos dejamos llevar por "Otoño", pieza musical de Vivaldi.
Eran las cuatro de la tarde del domingo veinte de agosto. Estaba disfrutando de una hora de concierto gratis, en el Parque Omar.
Unas cien personas me acompañaban en esta experiencia cultural, que llenaba de relajante sensación de paz el espíritu.
Mientras veía los rostros serios de los jovencitos de los violines, pensaba en otros adolescentes que están en el crimen y los vicios.
Recordé que en esos momentos había bulla porque se está pidiendo el aumento de penas para los menores maleantes.
El mismo director de la Policía ha señalado que las leyes existentes benefician a los criminales menores de dieciocho años.
Dijo que la Policía los arresta y pocas horas después están libres. Esto no es justo, porque "quien hace maldades de adulto debe pagar la pena como adulto", como dicen en Juan Díaz.
Al terminar el concierto que se da una vez al mes, comencé mi averiguación periodística sobre este grupo de jóvenes talentosos.
Es una agrupación privada. Cuenta con respaldo del despacho de la Primera Dama y apoyo de algunas entidades particulares que merecen ser felicitadas.
Llaman al grupo "Camaretta Freres Charpentier". Es una iniciativa de los descendientes de Eduardo Charpentier, conocido músico panameño de principios de la República.
Cada jovencito compra sus propios instrumentos. Dedican muchas horas a la práctica de su talento. Ahora el grupo interpreta con instrumentos de cuerda. Tiene proyectos para mejorar su actuación.
El viernes anterior había ido a la Graduación de la Facultad de Comunicación. Allí decenas de jóvenes recibieron sus diplomas de licenciados.
No hay que generalizar. Es falso que "la juventud panameña está perdida", como dicen abuelas de Calidonia.
Como "en botica", hay de todo. Jóvenes maleantes y jóvenes estudiosos y talentosos...¡menos mal!