Nunca se rindió hasta que logró su objetivo. De niña vio a Ursula de Caballero, montar caballos. Allí nació su inquietud por ser "jocketa".
Desde 1991, por tres años consecutivos, acudió al centro de formación de Jinetes, Laffit Pincay, en el Hipódromo Presidente Remón, pero la rechazaban.
Fue en 1994 que Priscila Batista, pudo ingresar a la escuela con un "visto bueno" del gerente del Hipódromo en ese entonces, Alfaro y con ayuda del señor NG. "Si yo no sirvo me voy, nadie me tiene que echar, dejemne probar", le dijo ella cuando le dieron la oportunidad.
LE CALLO LA BOCA
Había cursado dos años de la universidad, se salió para estudiar en la escuela de jinetes. "Era difícil con tantos hombres, me decían muchas cosas", indicó.
Eran más de 30 estudiantes en ese entonces, sólo se graduaron 17 en el año 1996, entre esos ella, que era la única mujer. Cuando salió a montar, tenía de rivales a "jinetes buenísimos" como Roberto Pérez, Cornelio Velásquez, Jesús Barría, Noel Abrego, entre otros.
Habían pocas oportunidades de montar. "No, no, no, mujer yo no quiero que esa me monte mi caballo", le decían preparadores y dueños de caballo.
Priscila, de 34 años, contó que "hubo un preparador, Darío Ramos (q.e.p.d.), que me dijo que si salía a montar se tomaba el agua del lago, y después que me gradué fui de osada a decirle que no lo había visto agacharse a tomar del agua". El le respondió, "no, no, no, mis respetos".
SE ESFUERZA EL DOBLE
Esta decana de la hípica, considera que son dos cosas distintas entrenar en la mañana y otra el enfrentar a los jinetes en carreras oficiales.
Los entrenamientos son muy duros. "Los hombres por naturaleza son más fuertes, nosotras debemos esforzarnos el doble, si dan una vuelta, nosotras dos", dijo. Además debe mantener el peso para marcar las 110 libras y poder montar.
PURO CALCULO
"En la pista todos estamos trazando línea, si cojo por aquí, si bajo, o si lo agarro en los 200 metros, es un cálculo completo, entonces así como yo tiro línea ellos también", manifestó en referencia a esas primeras carreras.
"Ya te imaginas que ellos estaban pensando, donde agarro a Priscila, si la encajono aquí, la encierro allá, la tiro para fuera, los primeros años fueron difíciles, porque estuve casi cinco años sola", agregó.
Fue en 1996 cuando hizo su debut, como es costumbre: el 8 de diciembre de ese año. "Llegue de última, partí bien, pero la yegua no era buena", dijo en medio de risas.
Al mes siguiente logró su primer ganador. Fue una alegría enorme para ella, sin duda, sobre todo porque se ganó a jinetes con experiencia.
DOS FACETAS
No siente que la gente la discrima por ser "jocketa". Lo que nota es que las personas se asombran, cuando la ven fuera de las pistas del hipódromo. "Mi pareja le dice a la gente ella monta caballos, y responden: pero ella si se ve tan femenina, tan delicadita, no parece".
Su trabajo ordinario y fuerte es en el hipódromo en la mañana. Cuando sale de allí, es una dama normal que tiene una familia a la que se dedica por completo.
SIN MIEDOS
Su madre, la señora Hedig, y su hija Maholly, en principio se ponían nerviosas cuando montaba. Ahora ya ese temor no existe en ellas y aceptan lo que hace. Ha tenido accidentes, en una de sus manos, lleva una marca bien notoria de un caballo que la pisó luego de un accidente.
"Cuando uno se cae de un caballo, si no te has quebrado ni te ha pasado nada malo, debes volverte a subir, porque eso es demostrarte que no le tienen miedo al caballo, porque si el animal se va te queda ese recelo", dijo.
Se siente contenta de su profesión, pues ha ejercitado caballos en Belmont, Nueva York, ha estado en Calder, Miami, pero no ha montado en carreras oficiales allá, porque debe arreglar sus papeles. Ahora mismo está esperando a ver si le llega un contrato para ir a los Estados Unidos.