Así debe ser la democracia. Unos ganan y otros pierden; unos lloran y otros ríen; unos dicen adiós y otros inician su labor con expectativa. Este debe ser sin duda el sabor de dejar el poder después de cinco años al frente de la más alta magistratura de la nación.
A la presidenta de la República, Mireya Moscoso, le quedan nueve días a partir de hoy para entregar el mando al Martín Torrijos, ganador de la contienda electoral de mayo de 2004.
Muchos aseguran que esta fue una de las peores administraciones que ha tenido el país; otros, en cambio, advierten que fue exitosa, no obstante, lo que sí se puede asegurar es que nos deja los escándalos políticos más sonados de los últimos 100 años.
No cabe la menor duda que el país tuvo en Moscoso a la primera mujer presidenta de Panamá. La historia reconocerá en su momento el aporte de esta representante del sexo femenino que ha abierto las puertas a más líderes del mismo sexo.
Lo bueno de la mandataria que termina su período fue su deseo de ser la presidenta de los pobres; lo malo, es no dar seguimiento a los actos de corrupción que hicieron tambalear las estructuras de este país y lo feo haber terminado con el peor índice de popularidad de todos los presidentes de América Latina, superando inclusive a Alejandro Toledo, de Perú.
Nuestra presidenta tiene sólo nueve días para prepararse a dar el discurso que cierra su gestión. Todos esperan que destape el tema de la partida discrecional, pues se ha manejado con ultra secreto un presupuesto que debe considerarse público para todos.
Se espera que Moscoso selle su gestión con un gran mensaje de hermandad que haga unir a todos los estratos de la sociedad.