HOJA SUELTA
¡Que
se acabe el mundo!

Eduardo Soto Pimentel
Crítica
en Línea
En el momento
justo que se acabe el mundo quiero estar desnudo... es decir,
sin máscaras ni velos que oculten mi verdadero rostro
a Dios y a todos mis hermanos. Que el final me encuentre limpio,
como llegué aquí hace 33 años.
Ese día quiero estar en paz; haber hecho eso para lo
que se me puso en este valle de lágrimas. Espero haber
cumplido con todos mis amigos, e incluyo a mis hijos en ese selecto
grupo de gente loca que me soporta.
Que el fin del mundo me encuentre al lado de ella, mi adorada,
besándole la boca, los pechos y su vientre dulce y bueno.
Quiero que llegue mientras ella y yo reímos abrazados,
recordando las travesuras de los hijos y ese beso que a medio
hacer nos dimos por primera vez hace tanto tiempo ya.
Pero que el asunto no se acabe todavía, porque tengo
la agenda llena e inconclusa.
Raquel, la más chica de mis hijas, quiere ser cantante
y vivir en Acapulco; Ysatis anhela estudiar y ser maestra, y
Eduardito desea levantar su familia en alguna parte donde caiga
abundante nieve. Y todos piensan darme muchos nietos.
Yo quiero vivir para ver eso: después, que se acabe
el mundo.
Que no llegue el fin de los tiempos sin que la vida me haya
dado la ocasión de bañarme con mi madre en el Mediterráneo,
después de una noche de vino tinto de gran crianza y jamón
serrano.
Que se acabe el mundo, pero primero quiero haber publicado
la novelita erótica que todos los días me cosquillea
los dedos de mi mano izquierda. Y que uno de esos buenos cantantes
que nacen todos los días en Panamá me grabe cualquiera
de las canciones que he dado a luz en las tardes de domingo.
DESPUES, ¡PUF!
Que llegue el fin de los tiempos, pero que primero Panamá
se haya convertido en la nación más poderosa del
continente y del hemisferio, sin gente pobre pidiendo limosna
en los semáforos ni cárceles abarrotadas de narcos
ni chiquillas prostituyéndose con los turistas ni deportistas
aniquilados por la cocaína ni empresarios inescrupulosos
ni políticos corruptos. Que todos tengamos un ingreso
anual de 150 mil dólares, centavos más, centavos
menos.
Quiero haberme sobregirado en amores; después... ¡que
se acabe el mundo!
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