Lo que parecía casi imposible se hizo realidad. Un rescate inesperado que concluyó de modo espectacular. Sin muertos... sin balas. Una acción militar cuyo respaldo civil le pertenece al mundo.
Quince de los más de setecientos rehenes en poder de la FARC (Fuerza Armada Revolucionaria de Colombia) hoy gritan emocionados: ¡Libres! Entre ellos, Ingrid Betancourt, ex candidata a la presidencia colombiana. Convertida en un símbolo de lucha por la paz.
El impacto noticioso ante el rescate, se ha escuchado en las voces del planeta que piden un alto a la crueldad.
Cobra ahora esta cruzada en nombre de la paz, nuevos bríos. Continúa la tarea de combatir el mal de la guerra siempre nefasta. Liberada ya no, por un movimiento político a favor de la democracia en contra de un aparato delictivo.
Los liberados vuelven a respirar libertad. Sin embargo, Colombia y otras naciones, siguen heridas por el dolor y la infamia del secuestro.
Rehenes son también los miembros de la guerrilla colombiana, ha dicho con firmeza uno de los ejecutores del golpe de inteligencia dado a este grupo de narcotraficantes de la muerte. Ya basta de contar más asesinados en las filas del pueblo colombiano, hombres transformados en bestias a causa de ambiciones egoístas, sembrando terror y destrucción en el suelo hermano... Queda entonces abogar por la paz. Que el clamor en defensa al respeto a la vida, no caiga en oídos sordos. Hacer un llamado a quienes derraman sangre inocente, porque aún tienen el camino abierto a la redención.
Luego del reencuentro, un regreso al diario vivir... porque para los liberados es "volver a la vida". Mientras para los todavía rehenes, es una vuelta a la realidad, al drama humano, a esa otra historia: soledad y esperanza.
Rechacemos el terrorismo y el rapto inhumano. Este conflicto armado no está lejos de nosotros.