El nuevo calendario escolar establecido tras la culminación de la huelga de docentes y otros sectores del país contra el aumento en la edad de jubilación, no garantiza la recuperación de los días de clases perdidos.
Fueron 32 días de huelga, al menos 22 de ellos afectaron las jornadas de enseñanza-aprendizaje en las escuelas y colegios públicos.
Extender hasta el 30 de diciembre las clases, no era la mejor opción. Quizás debieron suspenderse las dos semanas de vacaciones de medio año y hasta contemplar clases los sábados.
Para nadie es un secreto que desde que inicia diciembre, en la mayoría de los planteles educativos, se reducen las labores educativas. El mes incluye demasiados días de asueto y tanto alumnos como docentes, ya no están 100 por ciento concentrados en las clases.
Si bien es cierto que los movimientos de protesta pacífica que desarrollaron los docentes tiene un ingrediente tácito de enseñanza de civismo para el resto de la población y por ende para el estudiantado, también debió hacerse un mejor esfuerzo para recuperar el tiempo perdido por la paralización de labores.
Mientras los alumnos de los colegios privados continuaron clases normales, en los planteles públicos no hubo. Por eso es que permanece una diferencia entre la preparación de los estudiantes de uno y otro sector, cuando lo ideal es que se imparta una educación de buena calidad para todos.
Con tantos avances tecnológicos y una televisora educativa, las autoridades del Ministerio de Educación debieran preparar planes alternos para cuando en el futuro se produzca una alteración de las clases, los estudiantes puedan seguir recibiendo desde sus hogares alguna forma de enseñanza.
Bueno eso será para el futuro. Ahora lo que corresponde es retomar las labores educativas y tratar de recuperar en algo las jornadas afectadas por la huelga, aunque reza el dicho que el tiempo perdido nunca se recupera.