Alguien comentó ayer que no sabe qué haría sin celular. La tecnología nos ha invadido de forma positiva. Ahora podemos marcar a cualquier país del mundo debajo del palo de mango donde estemos parados. Eso se llama comunicación móvil. ¡Qué sabroso!
Para los amantes de los tiempos modernos, tener una unidad móvil es excelente, máxime cuando existe competencia entre dos empresas (como es el caso de Panamá) que se "matan" por ganar cada día más mercado. ¿Quién no espera el anuncio que diga: triplica? El panameño ha aprendido a jugarle vivo a las compañías para introducir sus tarjetas de pre-pago cuando hay promoción.
¿Eso es bueno o malo? Pregúntele usted a los administradores de estas compañías. Si cada día dan cosas buenas es que la vaina va bien.
Todo lo anterior lo conoce los dueños de estos aparatos, pero existe un grupo, ojalá sea minúsculo, de panameños que se ha dejado llevar por la ola de la tecnología. Ellos compran su celular, pero lo tienen todo el tiempo apagado. Algunos han dicho que hacen esto para ahorrar batería. ¡Qué tontos! Entonces ¿para qué está el cargador?
A esta gente es a la que me quiero referir. Son ciudadanos que han dejado de pasar oportunidades valiosas de empleos por tener el bendito celular apagado.
Si usted es de los que apaga el celular todo el día, por favor, piense y pregúntese cómo quiere estar conectado con el mundo si usted se desconecta de los demás.
Los celulares o los teléfonos móviles se inventaron por muchas razones, una de ellas es para que usted pueda salir de su casa y recibir llamadas donde esté. Esto no lo amarra a esperar esa comunicación como mogo en casa. El otro dato interesante es que en cierta forma han ayudado a personas a salvar vidas por lo remoto de los lugares donde se encuentran, sino pregúntele a las personas que se perdieron en el parque Soberanía.