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Mis Buenos Aires queridos..

Eduardo Moreno Tórtora ([email protected]) | Crítica en Línea

Argentina tuvo que extenderse a 120 sufridos minutos, para eliminar al crecido México, y quedar como rival inmediato del local Alemania, el viernes 30 en el "Olympiastadion" de Berlin. Es el primer partido que finaliza con tiempo de prórroga, ya que el tablero de los 90 minutos era 1-1.

MEXICO MURIO DE PIE
México murió de pie, como los árboles. Incluso estuvo unos minutos ganando, porque el capitán Rafael Márquez quería recuperar el terreno y la imagen perdida en la pobre actuación ante los portugueses, y para ello no halló mejor que hacerle un gol a Argentina, cuando recien se jugaban 5'.

Los dirigidos por José Peckerman asimilaron el golpe, y cuatro minutos más tarde, Hernán Crespo, con la complicidad de Jared Borgetti, venció al portero Oswaldo Sánchez, y quedaron en 1-1.

UN ETERNO 1-1
Los hombres de Ricardo LaVolpe, estuvieron fieles a una estrategia muy bien planificada. Sacrificando un hombre de delantera, y poniendo una marca precisa y pegajosa que no dejara jugar a Juan Ramón Riquelme, manejó buena parte del encuentro.

Riquelme, bien controlado, desapareció durante prolongados lapsos, y a Argentina lo costó hallar otras opciones para sus salidas. De allí, que se llegó al final de los 90' reglamentarios con el justo 1-1, y la forzosa imposición de establecer tiempo de prórroga.

Podrían haber transcurrido los 30 minutos extra, y tener que recurrir a la fatídica ruleta rusa de los tiros desde el punto penal, porque ni el ingreso de Carlos Tevez ni la presencia de Lionel Messi (a quien el árbitro suizo Massimo Busacca, anuló un gol que era legal) trajeron el cambio.

DE LA MAS FINA ORFEBRERIA
A los 98' llegó un gol, una joya de la más fina orfebrería, que se convirtió en auténtica obra de arte. El delantero del Atlético Madrid, Maximiliano Rubén "Maxi" Rodríguez, durmió en su pecho el pase de Juan Pedro Sorín, y sin permitir que la pelota cayera, la envolvió en una volea de pierna zurda, espectacular, teledirigida, que se colocó en el ángulo superior izquierdo del arco mexicano, donde ni Oswaldo Sánchez y todos los guardianes de su generación podían alcanzarla. El "Zentralstadion" de Leipzig, aplaudió a rabiar, y poco después acabó el encuentro, con un golazo, que no era de este partido, ni siquiera de este torneo.



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