La presidenta de Filipinas, Gloria Macapagal Arroyo, firmó en Manila la ley que suprime la pena capital en el país, lo que permitirá la salida del "corredor de la muerte" de cientos de reos.
Arroyo, quien rubricó el documento en el Palacio de Malacañang poco después de salir del hospital, donde estuvo ingresada aquejada de problemas intestinales, manifestó que la firma "marca el fin de una era de justicia vengativa".
"Celebramos la vida del modo más significativo, reuniendo a nuestras instituciones para rechazar la pena de muerte", declaró la mandataria.
Según la jefa de Estado, el Gobierno se dedicará a partir de ahora a impulsar medidas para la prevención y el control de delitos "en lugar de quitar las vidas de aquellos que los cometen".
SOLO HABRA CADENA PERPETUA
La Ley de la República 9346, que prohíbe la imposición de la pena de muerte en Filipinas, sustituye las condenas existentes por prisión perpetua.
Arroyo también indicó que en su prevista reunión en el Vaticano con el Papa, Benedicto XVI, comunicará a su santidad la decisión de Filipinas de unirse a otras 39 naciones del planeta en las peticiones para que todos los países anulen esa pena "en nombre de la vida para un mundo en paz y armonía".
La presidenta filipina tiene previsto partir hoy en una gira de una semana que la llevará al Vaticano, Italia y España.
La firma era el último requisito pendiente para que Filipinas elimine la pena capital de su legislación, después de que las dos cámaras del Congreso aprobaran el pasado día 7 sendos proyectos de ley para abolirla.
La entrada en vigor de la normativa coloca a Filipinas entre los pocos países de la región de Asia y el Pacífico, junto a Australia, Nueva Zelanda y Timor Oriental, donde no se impone la condena de muerte.
La firma del documento supone también la salida oficial del corredor de la muerte a centenares de presos, entre ellos Francisco Larrañaga, un joven hispano-filipino condenado a la pena capital por un caso de secuestro y asesinato ocurrido en 1997.