Hay razones de sobra para reclamar un dinero por haber cumplido un trabajo. Nadie lo hace por amor al arte, como dicen por ahí. Los educadores estiraron la liga para otorgar un compás de 15 días a la ministra de Educación, Doris Rosas de Mata, quien debe ahora sacar cuentas para pagar.
La necesidades de los docentes, al igual que de la mayoría de los panameños no pueden esperar. Este problema parece una costumbre hereditaria que está muy apegada de generación en generación dentro de las administraciones educativas, sea de la línea que sea.
Aunque los reclamos tienen un fundamento de peso, no podemos dejar de perder un día de clases que afecten a mediano plazo en el rendimiento de nuestros estudiantes. Esto se refleja en la subcultura que presentan los recién graduados cuando entran a la universidad.
Está muy claro el mensaje de los docentes. El Ejecutivo tiene hasta el próximo 30 de junio para que se proceda a cancelar cerca de medio millón de dólares adeudado a educadores nombrados este año, de lo contrario, realizarán una asamblea general para definir si se abocan a un paro de labores.
Como se ven las cosas en las postrimerías de este gobierno, la nube está lista para derramar un aguacero de dificultades dentro del sistema, pues se manejan informes de que la respuesta no será tan pronta como desean los docentes. El pago podría demorar al menos un mes más. Nadie puede sobrevivir así. De eso estamos seguros, pero de lo que también estamos claros es que si se paralizan las clases, detenemos el motor del aprendizaje que nutre de conocimiento a los futuros hombres del nación y, si esto llega a ocurrir, no hay duda que el producto estará tan mal preparado que no serán aceptados en un mundo competitivo.