Para muchos, pensar en su papá es un hecho, una realidad, que comparten y que, en ocasiones, no valoran. Para otros, el tener un padre, en vez de ser una bendición, sienten que es una desgracia o una carga, ya sea por su falta de tacto o porque sencillamente, se han convertido en seres insensibles.
Pero existe el otro lado, niños y jóvenes que nunca han sentido lo que es el cariño paterno. Un abrazo en la mañana o un beso al dormir, de ese padre que nos hace sentir seguros y fuertes.
El tener un papá "responsable", para muchos, se ha convertido en una real fantasía; algunos de esos soñadores se encuentran en el Hogar San José de Malambo.
SOLO UN PAPA
A pesar de los esfuerzos de las monjas y personal del Hogar, en sus rostros se ve reflejada la tristeza que ocasiona el no tener a quién decirle Papá. Por ello, para Juan Manuel, de 7 años, su padre ideal sería aquel que le demuestre su amor con un acto tan sencillo, como sacarlo a pasear los domingos.
Pero hay otros que en vez de diversión, piden algo más. A sus 13 años, Abimelda, sólo desea un padre que la escuche y la comprenda. Un ser en quien confiar.
José Daniel ha pensado mucho en ese ser especial y tiene muy claro cómo sería su papá soñado. "Bonito, inteligente, que se preocupe por mi bienestar y que sea bueno", asegura el niño de 9 años.
Un simple juego de béisbol en compañía de ese ser especial, sería el indicativo para Josué, de 7 años, de que se encuentra frente al padre ideal.
Al acercarnos a Erick, de 9 años, la sinceridad aflora al preguntarle, cómo sería su padre ideal. "Quiero que no diga palabras sucias y que respete a las personas".
El deseo de angélica, de 8 años, es comprensible cuando estudiamos a fondo su pasado. Esta niña en su ingenuidad sólo pide un padre que no pelee con su mamá.
A Luis Mario, de 8 años, le gustaría un hombre que le ayudara con sus tareas y que le diera comida.
Los buenos ejemplos son un aspecto fundamental para Magali, de 12 años, a la hora de escoger a su papá perfecto.
A sus 6 años, Edwin pide un padre que juegue con él al fútbol, que estudie con él, ¡aaah!, pero sobre todo, que no lo "regañe".
Juan Manuel, Juliseth, Paola, de 7 años, y Ericka, de 9 , tienen algo en común: sólo necesitan un padre que les traiga muchos regalos.
Pero si hay algo que desean estos niños, piden a gritos, al igual que todos los hijos del mundo: un padre que los quiera "mucho". Simplemente un papá.