Ellos vivían en la comunidad de los medios, regimiento de Nuario, provincia de Los Santos, donde la desesperación del señor José fue tan grande, que un día decidió abandonar aquellas tierras y buscar otra vida y fue así cuando la tierra de Peña Blanca de Las Tablas lo acogió como hijo de esta región.
Con los siete hijos, cuatro varones y tres mujeres, llegaron a un terreno cercano a un río en Peña Blanca, sin nada que comer, ni donde dormir, el señor José Isabel, buscó unas pencas e hizo su vivienda.
Esa primera noche durmieron en sacos y algunas colchas, que no eran lo mejor pero representaba el inicio de una vida nueva. Recuerda este padre ejemplar que el más chico de sus hijos tenía sólo año y medio de haber nacido, por lo que estaba acostumbrado a dormirse pegado al seno de su madre y ¿saben qué hizo este señor? se lo pegaba a su tetilla para que el niño creyera que era su madre y asi conseguía que este se durmiera.
Poco a poco fueron creciendo, don José, les dejaba el desayuno listo y el almuerzo lo hacían las hijas mujeres, que ya estaban un poco más grandes o como nos dice el señor jose "taban tamañitas".
En cambio los hombres, empezaron a trabajar ordeñando con algunos ganaderos y estos también generaban algún ingreso para el hogar. Ninguno de ellos estudió porque prefirieron trabajar para ayudar a su padre.
A pesar de no contar con los recursos económicos, este padre quería que por lo menos el más chico estudiara, pero la desición fue "Hay que trabajar, para comer".
El humilde señor trabajaba "socalando monte", es decir con machete en mano cortando monte, desde las 7: 00 a.m. hasta las 5: 00 p.m., ganando B/. 4.00 y con eso aunque no le alcanzaba, mantenía a sus hijos.
"Recuerdo cuando el representante de Nuario de aquella época, fue a decirme que le diera el hijo más chico para él criarlo y yo le dije que no, porque cuando ese hijo mío creciera y me viera me diría !usted me regaló", por eso yo nunca me hubiera atrevido hacer semejante valvaridad", manifestó don José.