NUSTRA TIERRA

PERSONAJE
Julio César Figueroa, un joven que forja su porvenir con el acordeón

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Iván A. Uribe
Nuestra Tierra

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Julio César Figueroa

Julio César Figueroa es un joven humilde de la campiña coclesana, quien por infortunio a la temprana edad de 16 años tuvo que abandonar los juegos, estudios y diversión propios de un muchacho de su edad, para enfrentar una dura vida en el monte, y de esta forma aportar en su casa para la crianza de sus hermanos menores, como todo un hombre.

A pesar de todo, ve con optimismo y no pierde las esperanzas de darse un mejor futuro para él y los suyos a través de su mejor amigo, el acordeón.

Para conseguir sus propósitos, desde los 10 años se ha dado a la tarea de aprender a ejecutar el acordeón, utilizando como maestro a un señor de nombre, Elías Fernando.

“Con él aprendí a tocar las piezas: El mogollón y luego, En la cama de ella”, nos dijo con ligera timidez; para seguir expresando el interés que tiene en continuar su superación en la música y que ello no sería posible sino contara con el apoyo moral de sus padres, a quienes ve como un símbolo de amor y respeto.

A pesar de su corta edad, Julio César es un chico que piensa como una persona madura y que su sueño no es sólo eso, al enfatizar que: “no tengo la música de relajo”; desea vivir de ella. Tanto es así que en su pueblo natal de nombre, Sabana Larga, junto a siete primos, quienes al igual que él gustan de los instrumentos musicales y han formado un pequeño conjunto.

Como no tienen recursos económicos, Julio César nos cuenta que se valieron del ingenio, buscando en su entorno “cosas” que pudieran convertir en instrumentos.

Por ejemplo, para elaborar los timbales utilizaron tanques vacíos para gas; para las tumbas buscaron troncos de madera, y manos a la obra; la churuca no se quedó atrás, “los calabazos son perfectos”, acotó Julio.

Con el conjunto formado en parte y sobre todo, muchas ganas de llegar a la cima, empezaron a dar sus primeros pasos con presentaciones en su pueblo y fuera de él, nos dice mientras deja ver un brillo en sus ojos, como un reflejo de orgullo y satisfacción.

Para perfeccionar sus ritmos y tonadas, últimas que logra con impresionante facilidad, si contamos que su acordeón es de dos teclados, este nuevo valor nacional practica todos los días, por supuesto que después de haber cumplido con su trabajo en el monte con su progenitor.

Si bien dijimos en líneas arriba, Julio César ve en el acordeón un mejor porvenir, aún así desea terminar sus estudios, “quisiera ser profesor de ciencias”, resaltó con firmeza, viéndolo como otra alternativa de vida o superación.

Llegar a lograr sus objetivos a corto o largo plazo para Julio César es un viaje que ya inició, pero sobre todo un reto que más que ello es una visión que tiene un joven panameño que a cualquiera llenaría de orgullo el tenerlo como amigo o como un hijo.

 

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