NUSTRA TIERRA

CUENTO
El viejo buey y el venado

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Ansabaquín París
Nuestra Tierra

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Moraleja: Aunque te encuentres o te encierren en una jaula de oro, nada es comparable a vivir en libertad.

El alba despuntaba. El cielo se empezaba a aclarar y ya casi amanecía. Por el prado aparece un venado en travesía, porque un escondite buscaba. A cierta distancia, un viejo buey lo observaba. Ese buey era “paticorto” y jalador.

Fue precisamente en un rastrojo echado, donde él, sonriéndole al venado, le dijo que no temiera, que él lo único que deseaba era que se uniera al grupo domesticado.

De un sallto, el venado se detuvo para contestar al instante: solamente un ignorante espera garrocha y yugo. Es el hombre tu verdugo, ensaña en ti su crueldad, pero mi sagacidad, me libre de tu ofensiva. Prefiero perder mi vida, que dejar mi libertad, le respondió con sinceridad.

Esto al buey no le gustó, sintiéndose ofendido, que levantó el polvo con su soplido. Pasaron varios minutos y nuevamente se le acerca, le dice el buey: no te olvides, que yo soy tu viejo amigo, incluso te he defendido, cuando el perro te persigue. No me explico como vives, ni como tanto has jugado, te buscan por todos lados, para atraparte o herirte; la solución es unirte al grupo domesticado; por más que esto le decía, el venado de él se reía.

Bricando y brincando, hasta varios metros de altura, el venado le demostraba sus buenas condiciones físicas, dignas de alguien que ama su libertad. Haciendo caso omiso a lo expresado por el buey, le susurró al oído: Nunca he creído en consejos, yo se cuidar mi pellejo, de el hombre siempre me alejo, con mayor facilidad, confío en mi agilidad, en mi olfato y en mis ojos y mientras exista rastrojo, defiendo mi libertad.

El viejo buey ya no sabía de qué manera podía convencer al venado, que su vida de domesticado era mejor que vivir salvaje o en libertad, por eso volvió a decirle: de todo en la disciplina, vivo una vida decente, así ganó honradamente alimento y medicina. Ayer comí en la cocina, jamás te han inyectado, vives del grupo robado, del frijol y del maíz, soy un viejo buey feliz, porque estoy domesticado. Todo esto dijo, para convencer al venado.

Tomando la cosa en serio, dejó de burlarse, y sonriendo, le dijo al buey: parece tu amo un rey, y tú su feliz esclavo. Te golpea como a un clavo, te da palo sin piedad, y después con humildad, vuelves y le das tu nariz para alarte con crueldad; sé que no eres feliz, porque no tienes libertad, escuchó atento el viejo bovino, mientras rumiaba un montón de fresca hierba.

Hubo un silencio, levantándose pesadamente, contestó el buey al venado atrevido,” todos somos defectuosos, pero yo no soy goloso; para no andar escondido, lanzo al aire mi gemido, cuando estoy enamorado, muchas veces me han soltado, con las novillas en cría, no hay vida como la mía, porque estoy domesticado”, decía y repetía el viejo buey al venado.

No había manera de convencer al venado para que aceptara vivir domesticado. Finalmente éste le dice: Tu dueño ama el dinero, y a ti te ha puesto una meta; cuando ya no hales la carreta, te mandará al matadero, por eso te considero, morirás a corta edad. Estas palabras lo hicieron recapacitar, entonces con mucha humildad dice el buey: yo te bendigo, vaya con Dios buen amigo. ¡Qué linda es tu libertad!

MORALEJA

Aunque te encuentres o te encierren en una jaula de oro, nada es comparable a vivir en libertad.

 

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