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  OPINIÓN

COMENTARIO
AFAPADEA

Por: Miguel Angel Rodríguez G. | Colaborador

¡Hoy tengo una gran ira! Mi esposa de toda la vida no puede, caminar con andadera, ni ayudada, ni abrazada. Sus piernas no responden, ambas se adhieren con firmeza al piso y si ha de moverse intenta levantar los dos pies a la vez. No coordina los movimientos. Desde hace mucho tiempo no puede hablar, ni entender las conversaciones, su mirada distante implora consuelo.

Es devastador verla en ese estado, conociendo que ella era profesora de enseñanza en los colegios secundarios en las cátedras de ciencias y matemáticas. Hoy sólo puede balbucear unas pocas palabras. Ella como ama de casa ejemplar cuidó, atendió y educó a sus 4 hijos. Hoy, todo hay que hacérselo, porque no se vale por sí misma. Ella de carácter jovial, alegre, receptiva, simpática, sociable y adornada de todas esas cualidades que la calificarían de persona "de muy buen carácter", hoy está indiferente, quien sabe en qué mundo a donde es imposible comunicarse.

En múltiples ocasiones se me empaña la vista con lágrimas ante algunos hechos o narraciones relativas o parecidas que se presentan en la vida real o bien en la televisión o en mis lecturas. Estoy sensible. Yo diría sensibilizado, porque nunca creí que yo sería capaz de ayudar con dedicación a aliviar el dolor ajeno; pero resiento mi incapacidad para lograr su bienestar y esta impotencia me crea conflictos que se traducen en sentirme tan mal porque no hay salida. Tengo que aceptar esta verdad aunque no me resigno y siempre con la esperanza de que pronto encontrarán medicinas o técnicas de laboratorio o quirúrgicas o bloqueadores a la proteína que produce las placas en el cerebro de los pacientes del mal de Alzheimer. Esa ilusión me fortalece y siento agrado en servir y pertenecer al grupo de apoyo AFAPADEA en donde compartimos experiencias. No estoy solo aunque mi cruz es toda mía, sin importar el tamaño.

La tristeza viene con los avances desproporcionados en breve plazo de esta insidiosa enfermedad. Me preocupan los pasos que se avecinan en esta batalla perdida de antemano. Sólo me quedan los paliativos; el apoyo de mis hijos, la comprensión de mis semejantes y el dolor.



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