Al utilizar una olla a presión para cocinar, la temperatura de ebullición aumenta por encima de los 100 ºC y la presión alcanza cotas mayores que la presión atmosférica. De esta forma se consiguen tiempos de cocción más breves, con el consiguiente ahorro en tiempo y energía.
Cocinar a presión puede ser una de las mejores técnicas de cocción, sin embargo, para dominarla es imprescindible controlar los tiempos. Si nos excedemos a la hora de cocer los alimentos perderán gran parte de su valor nutricional y no habremos aprovechado las posibilidades de la presión.
Algunas sugerencias son: como máximo, se deberá llenar la olla hasta los 2/3 de su capacidad.
Es mejor introducir los alimentos en la cantidad justa de agua y cuando ésta empieza a hervir. Antes de abrir la olla hay que asegurarse de que no tiene presión.