Al celebrarse entre los países adscritos a la UNESCO el Día Mundial de la Libertad de Prensa, informes de entidades en defensa del ejercicio del periodismo muestran un aumento en los niveles de intolerancia -muchas veces desde los gobiernos- hacia los periodistas y el trabajo de los medios de comunicación, necesario para el funcionamiento de cualquier democracia.
En lo que va 2010, 42 periodistas han sido asesinados en todo el mundo, sumándose a los 1, 500 trabajadores de medios de comunicación que han muerto de forma violenta en los últimos 14 años, según la UNESCO.
Solo el año pasado, de acuerdo con la Asociación Mundial de Periódicos y Editores de Noticias, 136 periodistas fueron puestos tras las rejas, y 99 perdieron la vida en actos de violencia.
La intolerancia hacia los medios parece arreciar en América Latina, sin importar la tendencia ideológica de los gobiernos. Igualmente, el crimen organizado en la región y organizaciones terroristas han dejado luto en centenares de familias de trabajadores de los medios.
Panamá, aunque lejos de los extremos que se ven en países como Pakistán, China, Irán, México o Somalia, ha visto cómo la relación entre la actual administración y los medios se ha hecho cada vez más tirante, a raíz de revelaciones sobre desaciertos gubernamentales y casos de corrupción.
A falta de una oposición política unida, capaz de ofrecer un contrapeso a los excesos y errores del gobierno, los medios se hacen más necesarios que nunca. Y los ciudadanos de todo país deben estar conscientes de ello. Una prensa libre es un ingrediente infaltable para constituir una democracia.