La agresión que vive la selva de Darién a causa de la devastación que realizan distintas personas, con o sin permiso, trajo a mi mente la forma trágica como murió un familiar hace muchos años.
En medio de labores para limpiar de árboles y construir una carretera de acceso a la provincia olvidada y codiciada por su excelente naturaleza tropical, se suscitó esta muerte...
Hice así la conexión de una muerte con otra esa extinción que agónicamente padece la región del Darién, por ambición y falta de atención a sus múltiples problemas.
Recorrer el camino hacia ese sector del país es adentrarse a una aventura osada.
Senderos solitarios donde el peligro se sortea con el pensamiento de que un día las cosas cambien para estos panameños que subsisten al límite de la guerra colombiana. De esa que enfrentan contra traficantes de droga, muerte y destrucción.
Lancheros, conductores, maestros, campesinos, policías, refugiados, y otros audaces conocen bien la travesía por el codiciado Tapón darienita.
Desagradable fue para mí leer en un artículo sobre Darién cómo la agresión a su espesura cobra nuevas víctimas en su verdor. Por unos cuantos centavos se vende la Patria. El lamento de un tucán o el águila que ya no puede remontar a las alturas.
Decepcionante es comprender que la muerte es quien reina en la copa de los extintos gigantes de la imaginativa selva. Digo imaginaria porque a este final camina el Darién.
Ahora sí con certeza que la próxima vez que recuerde al querido tío, que era como un padre, lamentaré aún más su ausencia porque Darién es un ama que vaga solitaria entre el quejumbroso y agotado monte. Explotado sin clemencia por la vileza humana, ley que parece impera en el lugar.