Las puertas de la Basílica de San Pedro se abrieron por siempre para Juan Pablo II, que atravesó ayer por última vez la plaza del Vaticano, acompañado hasta su última morada por una multitud que le dedicó un adiós emocionado. El aplauso de miles de fieles congregados recibió los restos mortales.
Muchas personas cayeron de rodillas ante la visión de Juan Pablo II. La aparición del rostro sin vida del Papa provocó las lágrimas hasta en los católicos más fervorosos.
"Murió como vivió, como una gran estrella, un verdadero líder del pueblo", explicó Kevin, peregrino estadounidense.
Las autoridades italianas contemplan el cierre del espacio aéreo el día de los funerales de Estado para recibir a los dos a cuatro millones de peregrinos.