Claudio Borbúa, uno de los dos obreros que sobrevivieron a la tragedia que llenó de luto a la familia Solís Fernández, relató la tragedia registrada en un tanque séptico que acumulaba desechos avícolas en las instalaciones de la empresa Recuperaciones Proteínas, ubicada en Juan Díaz.
Borbúa, de 28 años, dijo haber inhalado el gas que mató a sus compañeros de trabajó y lo envió inconsciente al Hospital Santo Tomás.
Además de Borbúa, también se salvó Vidal Cerrud, de 50 años, gracias a que fue a buscar un foco para alumbrar dentro del tanque séptico
REFLEXION
"No sé como no estoy muerto", dijo Borbúa quien fue dado de alta el medio día de ayer, después de estar más de 24 horas hospitalizado.
El suceso dejó a Borbúa con un constante dolor de cabeza y ojos. También sangra al defecar y sufre debilidad.
EL DATO
Era la primera vez que Claudio iba a hacer un trabajo junto con los hermanos Solís Fernández.
La paga por la labor era de B/.18.00 el día. El mayor de los Solís, Manuel Elías, fue quien los contrató.
El primero en entrar al tanque por una escalera fue Luis Ernesto Solís, de 36 años; luego lo siguió Manuel, de 25 y después Manuel Elías, de 39, y Luis Ernesto. Todos murieron.
Al ver que ninguno logró salir y tampoco se escuchaban sus voces, dos empleados de la empresa ataron el cuerpo de Borbúa y lo echaron dentro.
"Cuando entré sólo recuerdo que el hedor era fuerte de allí me desperté en el hospital", no se más, dijo.
Nicolás Cornejo, abogado de la familia Solís, busca conciliación entre las partes. Un funcionario del Ministerio de Trabajo afirmó que en el lugar había equipo especializado con oxígeno, pero los trabajadores no lo utilizaron.
De acuerdo con profesores de Bioquímica de la UP, los desechos orgánicos puede producir el gas Metano, que es inoloro pero mortal.
GASES MORTALES
El cuerpo humano necesita 20% de oxígeno en el aire para vivir. Si se respira cualquiera de estos químicos en alta concentración en el aire, se produce un desmayo, y luego la muerte.