Un caballero anónimo, un ángel guardián del folclore que ha trabajado por preservar la belleza de nuestra música de forma callada y más que cualquier otro panameño.
Criado en la Calle del Medio de la ciudad que crece sola, Chitré, Enrique "Quique" Subía, es el hombre a quienes los amantes de las tardes cantadera deben profundo respeto y admiración.
Pues, fue él quien precisamente vio la posibilidad de llevar a un escenario a dos hombres cantando décimas al compás de una guitarra española.
"Quique", como se le ha conocido en su trayectoria, reside desde hace tres décadas en Santa Librada, y tocó por primera vez una guitarra cuando tenía 14 años, movido por el talento de músico heredado de su padre Julio César Subía.
ANTES NO TENIA NINGUN VALOR
Yo comencé en aquellos años en los que el típico no tenía ningún valor, aunque me inicie como parte de una orquesta que no tenía nada de folclore".
Auténtico de verdad, Subía posee una cantidad ilimitada de información y anécdotas de su trayectoria que sería difícil plasmar en esta página.
Pero lo que sí hay que dejar claro es que la primera cantadera que se realizó formalmente en nuestro país, fue en el Jardín Cosita Buena, allá en los ‘70, en la que Agustín Rodríguez y "Toñito" Vargas se enfrentaron ante un incontable público que rabiaba de emoción, como cuenta el mismo.
Subía recuerda que al principio hubo resistencia de los empresarios, pero una vez se hizo la primera, el estallido no se hizo esperar, y en adelante la décima cantada supo que tenía un lugar en el corazón de miles de panameños que se identificaron con esta expresión.
A los 78 años "Quique", no deja de lado su pasión por el deporte, ni mucho menos su guitarra que le acompaña junto a su esposa Elvia.