En las últimas semanas se han levantado voces cuestionando la falta de seguridad en el país. Secuestros, ejecuciones, robo de cajeros, pandillas que incendian barrios enteros y el creciente narcotráfico, son los hechos que han disparado la alarma.
Durante la campaña electoral del año 2004, el entonces candidato y hoy mandatario Martín Torrijos prometió un programa de seguridad integral, pero hasta ahora se perciben flaquezas en ese objetivo.
No se puede alegar la falta de recursos. Sólo la Policía Nacional tiene un presupuesto anual de casi 160 millones de balboas. En total la cantidad asignada a seguridad ronda o quizás sobrepasa los 200 millones de balboas. Es una cifra considerable, tomando en cuenta a un país pequeño que apenas sobrepasa los tres millones de habitantes.
Todo indica que el problema no es tanto de recursos. En la mayoría de los países, la eficiencia de la Policía se mide en su capacidad de respuesta ante una llamada de emergencia. No más de tres minutos debe demorar la autoridad en llegar al lugar donde se ha registrado un hecho delictivo.
Pero en Panamá, a menos que sea un asesinato o un asalto bancario, la Policía o cualquiera otra autoridad responsable, demora en aproximarse al área. Un caso típico son los accidentes de tránsito, donde los involucrados deben esperar hasta tres horas para se llegue un agente del tránsito para preparar el correspondiente parte.
Igual sucede con las colisiones de autos donde se registran víctimas fatales. El recién fallecido debe esperar horas tirado en el pavimento en espera del agente del Ministerio Público responsable del levantamiento del cadáver.
Lo cierto es que el tema de la seguridad está haciendo crisis y ojalá que nos vengan con soluciones y no con comisiones.