Es el deseo de todos lo Obispos del País, que a partir de este año, cada 25 de marzo, además de celebrar la Anunciación del Señor, celebremos también el día del NIÑO POR NACER.
Celebrar el día del niño por nacer nos ofrece la oportunidad, de darnos cuenta que somos unos grandes desconocedores de los designios de Dios y de los muchos misterios que rodean la vida de todos los seres de nuestro mundo.
Aunque sabemos que es algo efímero, que estamos en las manos de Dios y que nadie puede predecir con seguridad el número de sus días, la Vida es lo mas hermoso que Dios nos da como todo un preámbulo de lo que en su día será la Felicidad, con mayúscula, a la que nos llama. Dios nos da la vida para que la disfrutemos y también para que sea útil a los demás en la construcción del Reino. Pero la vida es suya, está en sus manos.
Por eso el derecho a la vida es el primer derecho humano. En esta frase tan simple se expresa una verdad que sostiene y construye una cultura.
Causa dolor y preocupación escuchar que el derecho a la vida pueda quedar supeditado a la decisión de la mujer como dueña de su cuerpo. Esto no puede considerarse un verdadero progresismo, porque no parte ni tiene en cuenta la exigencia moral de lo que existe. No se atenta contra la libertad de la mujer cuando se defiende la vida naciente, por el contrario se la valora en su dignidad y responsabilidad.
Cuando alguien toma la decisión o colabora para que una vida no llegue a nacer priva, además, al mundo de lo que esa vida podría aportar. Nadie es dueño de la vida de un ser humano, ni otra persona, ni una institución, ni la misma sociedad.
Tenemos que defender la vida frente a la pena de muerte, frente a la locura de cualquier guerra pero también frente a la eutanasia, ante la violencia silenciosa y a veces, curiosamente, tolerada de no dejar que una vida nazca.