Tras finalizar el jolgorio del carnaval se impone ahora que el gobierno designe con anticipación a la Junta Organizadora de esos festejos para el próximo año, para no incurrir en improvisaciones.
Este y todos los gobiernos anteriores cometen siempre el mismo error. A unas semanas de febrero se emite un decreto apresurado nombrando a fulano y mengano en la Junta de Carnaval. Por mayor capacidad y buena voluntad que tenga una persona, se cae en la improvisación.
El Instituto Panameño de Turismo no puede ser un mero espectador. Su director con rango de ministro debe jugar un papel activo y tomar la batuta para preparar un carnaval atractivo para el turismo.
Al mismo tiempo, la empresa privada, sobre todo las dedicadas al negocio del licor, deben hacer un aporte sustancioso al presupuesto del carnaval y que no todos los fondos salgan del erario público.
Las cervecerías son los grandes beneficiarios de los carnavales y por ende deben brindar su cuota para la organización de esas fiestas.
Es probable que todo esto caiga en oídos sordos y que en enero del 2007, faltando algunas semanas para el carnaval surja nuevamente un decreto nombrando a otra Junta de Carnaval, para así nuevamente comenzar la espiral de improvisaciones.
No es posible que la principal ciudad del país se deje ganar en materia de organización a un pequeño distrito del interior como Las Tablas, que con mucha anticipación prepara un lujoso carnaval y sin contar con ningún subsidio del presupuesto.